17 de diciembre de 2014

CUENTO DE NAVIDAD



   Mañana por la noche la casa de Gran hermano, esa casa de los sueños, allá sobre las diez de la noche se habrá convertido en el escenario de un “Cuento de Navidad” para una de las tres finalistas. Seguramente la historia oficial nos lo venderá como un cuento para las tres, y debemos, tenemos que creerlo así, mañana, hoy, no puede ser de otra forma en homenaje a quienes después de tres meses han llegado hasta aquí dándonos lo mejor y lo peor de cada una. Nada queda por cambiar, no habrá sorpresas de última hora ni vuelcos espectaculares de porcentajes que nos haga debatirnos en unos momentos de tensión añadida. Las finales no se improvisan, se montan y desmontan con sumo cuidado revisando  hasta el más mínimo detalle y donde nada puede quedar a la improvisación. La suerte del concurso ya está echada, sólo queda el merecido homenaje. Ellos querrán que sea para las tres, pero todos sabemos que solo será para una.

  Atrás quedarán tres meses de historias, pequeñas o intensas, preciosas o aburridas, historias que nos han acompañado en esa otra parte de nuestra vida que durante un tiempo nos envuelve y nos hace sumergirnos en ese otro cuento. El nuestro.  Dicen que los sueños a veces se cumplen, para una de ellas será así, pero para miles de nosotros también. Por eso entiendo los momentos de susceptibilidad que estamos viviendo en este otro lado, simplemente porque estamos llegando al final de este cuento y al igual que ellas aunque de otra manera aún estamos escribiendo la última página.

   A las protagonistas las valoramos por su paso por el concurso, a lo largo de todo el tiempo ellos nos invitan o no a conocerlos un poco mejor, a conocer parte de su pasado de la misma forma que nos hacen partícipes de sus sueños o no, veo totalmente innecesario utilizar esa parte de su vida a discreción y pretender  utilizarlo en su contra, hacerlos responsables de su propio pasado como si fuese  plebiscito necesario para poder ni siquiera concursar. Ellos conviven, y nosotros le demandamos que se muestren como son, lo que no podemos hacer es penalizarlos por algo que nosotros mismos le estamos pidiendo. Nos caerán mejor o peor, tendremos miles de razones para apoyar a uno o a otro, yo soy partidario de tener cuántas más cartas sobre la mesa mejor sencillamente para poder elegir mejor,  pero no me veo capacitado para exigirle sinceridad para luego poder  utilizarlo en su contra. Les estaría engañando. Otra cosa distinta es que se utilice el pasado para mentir, inventarse cosas que nunca han sucedido o simplemente alardear de algo para intentar sacar una ventaja del juego, también lo valoraríamos porque evidentemente también formaría parte de esa  demandada sinceridad y al darnos cuenta obraríamos en consecuencia. Forma parte de nuestro papel en el juego también.

   Las tres finalistas están aquí por algo, a nosotros nos corresponde a estas alturas y tras haber analizado día a día su concurso el poder tomar esa decisión, se han sometido desde el mismo momento que pisaron la casa a un juicio sumarísimo por nuestra parte y donde hemos podido observarles, examinarles e incluso juzgarles más allá del propio concurso, nos hemos metido en sus vidas, hemos suplantado a veces su propia personalidad, hemos actuado en su lugar, les hemos reprendido y hemos aplaudido cualquier episodio que hayamos elegido. La conclusión de  lo anteriormente expuesto son tres finalistas, tres nombres, tres personas. Y ha llegado la hora de escribir el epílogo.

  No sé si el azar, las circunstancias o el propio juego han querido que estas tres concursantes, cada una por diferentes razones estén hoy aquí expuestas y el propio devenir ha querido que las tres aparte de por sus diferentes motivos lo estén por sus diferencias. Una niña, una mujer y una niña-mujer. Paula lo ha hecho bien, haya fingido o haya sido real, lo ha hecho bien. Y eso es indiscutible. Su personalidad nos ha demostrado que por las circunstancias de su propia vida ha madurado mucho antes de lo que realmente le pertenece por edad cronológica, ella se resiste a ese paso vital de la adolescencia a la madurez y por eso saca a veces su alma más infantil, seguramente eche de menos aquellos años que a lo mejor nunca pudo vivir y le salga de manera inconsciente, mucha gente la cree y otra mucha gente no la cree. Ve en ella la suficiente madurez como para no tener necesidad de esas manifestaciones de locura y episodios histriónicos que tanto le podrían recordar esa infancia perdida, otros los ven como  consecuencia de una más que evidente “desestructuración” familiar, otros simplemente como un papel.

  Sea lo que fuere el único inconveniente que le veo a su concurso ha sido el poner encima de la mesa la duda, algunos la han recogido y otros la han creído. Su concurso no ha sido especial, al menos no más especial que el de las otras dos finalistas, ha tenido sus historias al igual que las otras y ha tenido el protagonismo adecuado a sus historias. Pero al hablar de Paula no podemos obviar un tema que en todo momento ha estado presente y ha podido influir en esas mismas historias, la televisión es un medio de comunicación susceptible de  hacer real lo irreal o que aquello que parezca irreal convertirlo en realidad y al igual que Paula ha dejado en mucha gente la duda sobre su comportamiento, la actitud del programa a lo largo de estos meses ha dejado sobre la mesa la duda de su imparcialidad con respecto a esta concursante.

  Yolanda es la niña de la final a raíz de su comportamiento a lo largo de todo el concurso. Curioso que siendo la mayor de las tres haya tenido una actitud mucho más complicada de entender que al resto de sus compañeras. Se ha comportado como una niña obsesionada con otro concursante y ha restado a su concurso el vivirlo de pleno como le habría correspondido, lo ha pasado mal por momentos sin necesidad ninguna y se ha privado de vivir otras preciosas experiencias tras haber renunciado a cualquier cosa que no haya sido su propia obsesión. Las circunstancias le han hecho finalista, su carácter alegre y vivo le ha asegurado su público pero su actitud le ha restado muchos seguidores, en ningún momento ha vivido el concurso como debiera, se ha equivocado y ha elegido la peor vía para demostrarnos su verdadero potencial.

  Alejandra ha sido la más transparente de todas. La única de las tres que tal y como la conocimos el primer día, la seguimos viendo en la actualidad. Mientras las otras se han perdido durante el concurso entre dudas y obsesiones, Alejandra ha mantenido un equilibrio que nos ha permitido conocerla sin más. Las conclusiones sobre Alejandra son muy simples, lo que vemos es lo que es, no hay secretos ocultos ni asignaturas pendientes, ha sacado su corazón de niña y lo ha sabido conjugar con su alma de adulta, ha tenido la espontaneidad y la frescura de una jovenzuela en su fase más loca y la madurez suficiente como para enfrentarse con aquellos que otros nunca se hubiesen atrevido. Ha sacado sin importarle su lado más primitivo dándonos  pinceladas de niña traviesa al tiempo que mostraba sus deseos más íntimos sin restarle en ello ni un ápice de naturalidad. Muchos la tachan de normal, y yo lo creo. Para mí Alejandra ha sido la más normal de todas con diferencia. Para esta edición tan normal,  de todas todas siempre preferiré una ganadora normal. Otros dicen que Paula es especial y no lo veo así, el ser especial para ella la convierte en aquello que no es como nos ha demostrado, querer ser especial no es lo mismo que serlo. Sus tramas nunca han tenido nada de especial, su comportamiento si lo ha sido y creo que no para bien, ante tanta duda, prefiero lo normal.

Son los protagonistas de este cuento que mañana sin falta podremos cerrar aplicándole el clásico “y colorín colorado”. Hoy, y mientras tanto, hasta que no lleguemos a la última página solo nos queda seguir soñando…  y seguir escribiendo.