30 de diciembre de 2015

NO HACE FALTA TÍTULO PARA UN FINAL

 Vamos a imaginarnos por un momento a ese muñeco juguete que gusta a dos niños al mismo tiempo y que ambos consideran como suyo, en un momento dado ambos empiezan a tirar cada uno de un brazo... solo imaginarlo, e imaginar el resultado final. Ha sido una edición dual. Dos mundos totalmente opuestos en base a un argumento común, el desarrollo ha hecho que se viviera desde dos perspectivas distintas. Tiremos por donde tiremos siempre nos aparecerá esta dualidad a la hora de analizar lo que ha sido el concurso este año. La más clara y evidente ha sido las dos ópticas desde las que se ha vivido, por una parte la audiencia mayoritaria que ha seguido el directo y por otra los intereses televisivos y la forma de rentabilizarlos.

 Dos formas, dos métodos, dos caminos... Pero si ahondamos un poco más, dentro de esta última opción también podríamos separar el proceso en dos, por un lado los intereses de la cadena y por otro los de la productora. Está claro que la cadena vela por los suyos propios y la productora se encuentra en la encrucijada de estar en medio, a caballo entre quienes soportan su supervivencia y quienes la alimentan. Una posición difícil y a veces con objetivos encontrados, dar pábulo a los dos al mismo tiempo hacen del resultado final un verdadero quebradero de cabeza y un amargo sabor de boca. Solo si logramos diferenciar tales aspectos y a diferencia de ella, conseguimos darle cierto sentido a lo vivido y alguna mediana explicación.

 Nos centraremos en la primera opción que es la que realmente nos implica. Para nosotros ha sido una buena edición. Divertida, plural, emotiva, interesante, pasional y diversa, con unos concursantes atractivos en su diversidad y diferentes en sus estrategias, un directo como nunca habíamos vivido donde en cualquier momento siempre podía ocurrír algo, la más nocturna de cuantas han existido lo que nos ha propocionado unos contenidos bastante jugosos, ha reaparecido la dicotomía de los grupos, de los bandos, los malos y los buenos, esa separación de emociones que nos han hecho inmiscuirnos en su propia piel. Esos bandos han echo efectiva nuestra propia separación con la pasión que ello conlleva y el aumento de atención. Nos han obligado a posicionarnos, a dar tantos tumbos como quebraderos de cabeza, a justificarnos y desjustificarnos tantas veces como ellos iban viviendo, han tirado de nosotros a su ritmo y nos han enseñado a no dar nada por sentado como estábamos últimamente acostumbrados.

 Hemos volado con ellos de la mano, cosa que nos ha acercado como nunca a esa esencia que simpre habíamos demandado. Nos han hecho traspasar por primera vez en mucho tiempo esos muros y vivir de cerca toda la experiencia como siempre habíamos querido. Nos han hecho emplearnos a fondo, en sus cosas buenas y en sus cosas malas. Han transmitido esa emoción que nos había sido arrebatada en últimas ediciones, pero no solo eso, nos han hecho divertirnos y hemos estado entretenidos. Desde nuestro punto de vista hubiese sido una edición antológica si no hubiese sido porque la segunda opción ha logrado meter sus tentáculos hasta límites insospechados y han condicionado muy mucho sus comportamientos y arrastrado el nuestro. Habría sido maravillosa, y solo podremos dejarla en un bien rampante.

  La versión punto dos de esta edición ni ha dependido de nosotros ni ha dependido de los concursantes. Artimañas sospechosas que han querido influir en el devenir del concurso guionizando y teledirigiendo una convivencia ya de por sí extraordinaria en contenidos han hecho posible la caricaturización de la misma pareciendo a veces como forzada. Ha sacado a la luz lo peor de la misma televisión, arrancándonos de la realidad para mostrarnos una teatralización de sus propios intereses. Han provocado carpetas imposibles y desnaturalizadas, han engordado tramas hasta el hastío perjudicando a los propios concursantes que se han visto manejados por las circunstancias y han hecho de la propia convivencia una mera tesis de laboratorio donde todo debía estar previsto y calculado hasta el último suspiro.

 Los programas mismos de la propia cadena han contraprogramado la propia realidad de la casa y que todos estábamos viviendo. Nos han sumido en un divorcio imposible de digerir, hasta el punto de sentir asco de una manipulación torticera de la propia realidad. Han secuestrado la vida en directo para dilatar sus propios guiones sin respetar siquiera la propia convivencia. Han hecho un juego de ficción de algo que por sí solo ya fluía real retorciéndolo hasta parecer una caricatura de lo que nuestros propios ojos habían vivido, han suplantado la propia realidad distorsionándola hasta límites ridículos que al final no han producido más que risa y verdadera pena. Han engendrado un monstruo que poco a poco les irá autodevorando, y lo peor es que se sienten orgullosos de él.

 Y en medio... la verdad. De este choque de trenes no puede salir nada bueno. Ya sé que enseguida vendrán y dirán que siempre estamos con lo mismo pero que ahí sigue Gran Hermano. Si. Pero a qué precio me preguntaba... No, el último secreto que al final la propia organización no se atrevió a sacar a la luz no tenía nada que ver con la edición de los secretos. Iba más allá. Ni era el anuncio del diecisiete ni las sobrinas estaban allí por Sofía... Creo que todos somos conscientes de la deriva del concurso, de su utilización, su perversión y de su envenenamiento, aún así seguiremos resistiendo aunque sea viviéndolo de la misma forma paralela como lo hemos vivido este año. Crearemos el nuestro propio cogiendo esos matices que nos valen, es una guerra entre David y Goliath, pero no olvidemos el final de la leyenda. Mientras existan hondas y existan piedras seguiremos peleando para intentar darle sentido a nuestro programa favorito. Es nuestra obligación y por eso seguimos aquí.

Desde hace ya seis años que lo venimos haciendo, y seguramente seguiremos. Pero esta edición ya se ha acabado. Desde el mismo momento en que salió Sofía y se apagaron las luces de la casa, se apagan aquí también. Sé que las trampas a veces son tentadoras, ahora montarán el Vip, luego enlazarán con Supervivientes y luego se inventarán otro para enlazar con el nuestro, no deja de ser una maquiavélica maniobra de distracción para salvaguardar sus propios intereses, abusan de la propia naturaleza de la ignorancia para retroalimentarse, a veces viviendo incluso de las rentas de algo bueno que ellos mismos prostituyen al uso. No caeré. Qué curioso que se utilice la misma técnica que George Orwell empleó en su novela 1984 y en la que se inspiró John de Mol para crear Gran Hermano, casualidades del destino han hecho que la propia dependencia haga permanecer atados al sofá durante todo el año a mucha gente aislada de su propia realidad y viviendo en una sociedad distópica donde se manipula y se vigila toda la información. Te atraen, caes y te enganchas. Luego no puedes vivir sin ello. En la tergiversación de las personas radica la trampa, en su autenticidad la búsqueda de aquella verdad que un día del año dos mil a otros sí nos enganchó.

  Solo tengo palabras de agradecimiento por haber cuidado de este rincón y haber contribuido a que podamos vivir Gran Hermano desde la perspectiva que más nos une, desde las divergencias o desde la coincidencia pero siempre desde la libertad y el respeto a la naturaleza del blog. Os aseguro que no pido más, ni quiero más. No ha sido fácil como nunca lo es, pero sí alentador el ver que día tras día nos ha superado hasta la propia estadística, habéis hecho de este sitio un lugar maravilloso donde hablar del programa que nos gusta, donde debatir y reflexionar, un lugar de encuentro donde desahogar nuestras filias y fobias, nuestros estados de ánimo o solo donde leer o escribir. No puedo nombraros a todos porque todos lo habéis hecho posible, permitidme que agradezca particularmente a las personas que me han ayudado con sus entradas de fin de semana y que han contribuido con su esfuerzo a que el blog permaneciese vivo hasta los domingos, Choco, Mayra, PK, Jacaranda... gracias por vuestras aportaciones. A todos, absolutamente a todos, gracias por todo.