23 de septiembre de 2016

... Y VENCIÓ DAVID


“Sus comentarios sobre los animales y su forma de referirse a las mujeres no es compatible con la línea editorial de GH”. Jorge Javier Vázquez, presentador de GH17.

  Se equivocó. Quiso decir “espíritu”, pero se lo perdonamos porque es nuevo y aún no sabe muy bien de que va el concurso. Como presentador profesional de primer orden que es, solo se dedica a leer el cue como si estuviera diciendo misa y cuando se sale de él e intenta parecer gracioso demuestra la mediocridad en que está sumida la cadena con la que tiene firmado un contrato multimillonario. Es el espíritu de Tele5, aparentar ser gracioso cuando no se es. Pensar que dominar el arte de la demagogia es sentirse capacitado para hacer cualquier cosa que se proponga es cuanto menos presuntuoso y convertir al espectador en un ente fácilmente maleable y dócil es simplemente ser un ignorante. Y no, yo no estoy deseando que vuelva a presentar Mercedes Milá el programa, pero caer en la tentación siquiera de querer parecerse a ella es insultar la inteligencia del seguidor de Gran Hermano.

  Lo he dicho en varias ocasiones. Esta edición nació maldita desde antes que comenzara. Los errores que se están cometiendo son innumerables, pero la terquedad en convertir todo lo que se saque en antena en producto salvamizado podría chocar con la filosofía y el verdadero espíritu de Gran Hermano. Sabemos que no es fácil, tenemos las manos vacías y delante todo un todopoderoso de la comunicación con una estrategia bien estudiada y diseñada que hasta ahora le ha dado importantes beneficios en todos los sentidos. Para cualquier persona mínimamente informada en comunicación el sistema empleado es fácil de aplicar, eso sí, muy disciplinado. De ahí su éxito.

Simplificación: una única idea y fija, sin desviaciones del objetivo
Contagio: la competencia solo es una, y es el enemigo.
Transposición: Si no puedes negar lo negativo por evidente, invéntate algo que lo distraiga.
Exageración y desfiguración: Cualquier nimia anécdota por pequeña que sea es en realidad extremadamente grave.
Vulgarización: Adaptar todo nivel al menos inteligente de los individuos a quien va dirigido.
Orquestación: Pocas ideas pero repetidas hasta la extenuación, a todas horas todos los dias.
Renovación disuasoria: informaciones nuevas para que cuando alguien responda lo anterior ya se esté pensando en otra cosa.
Silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no se tiene argumentación.
Transfusión: Operar en torno a los prejuicios, buscar argumentos sobre cuestiones primitivas arraigadas.
Unanimidad: Convencer a mucha gente que piensa “como todo el mundo” creando una falsa impresión de unanimidad.

  Esta es la linea editorial de la cadena, la de Sálvame y la que quieren implantar en Gran Hermano. Anular todo principio de independencia restando libertad de movimientos a todo el universo GH. Por eso dije que se equivocó al utilizar la palabra exacta. El espíritu no es una pegatina escrita o un vocablo utilizado en un momento oportuno, solo los seguidores de Gran Hermano sabemos su significado y somos conscientes de que no se puede definir, es un sentimiento, una forma de vida que jamás podrá alienarse por mucha y potente maquinaria que pongas en el intento. Gran Hermano no entiende de “lineas editoriales”.

 El espíritu, esa forma de pensar y que apenas podemos expresar correctamente solo es un símbolo. Y anoche, precisamente anoche, durante la gala seguramente más loca de lo que llevamos de programa, donde una vez más pensamos que ganarían los tentáculos de la propaganda de la “linea editorial”, surgió por casualidad de la boca de Pablo, un chiquilicuatre elegido para frivolizar con el formato, cabeza de turco elegido como meme por la organización para desviar la atención de su particular “linea editorial” carpetera y musculosa, el mayor zasca y que mejor definió la distancia entre lineas editoriales y espíritus, entre el Gran Hermano de los Jorjejavieres de turno y el nuestro.

 Apenas va a suponer nada en este maremágnum mediático, la victoria siempre será del poder establecido, pero la satisfacción y el buen sabor que a muchos seguidores le inyectaron sus palabras no tienen ni tendrán jamás precio. —¿Por qué has abandonado? —preguntó JJ echándole un ojo al guión. —Eso no es Gran Hermano. Yo siempre he querido concursar en Gran Hermano, pero aquello no era Gran Hermano. — Todo es Gran Hermano, ya sabes que Gran Hermano es imprevisible — balbuceó Jorge Javier no sabiendo realmente lo que estaba contestando.

 Sólo los seguidores de Gran Hermano supimos traducir en milésimas de segundo aquella frase y lo que significaba. Nosotros ya sabíamos lo que quería decir. A Jorge Javier le costó trabajo reaccionar.
Eso no era Gran Hermano. Formaba parte de la linea editorial que se había inventado la cadena para subir audiencia aunque hubiese sido a costa de traicionar al propio formato.

  Es la mejor lectura que puedo sacar de una gala repleta de improperios con que se estuvo insultando nuestra inteligencia desde el primer minuto de programa. El resto es accesorio. Jamás había presenciado mayor descontrol, peor anarquía, horrible realización y peor conducción de una gala de Gran Hermano. Si después de tener una expulsión disciplinaria, un abandono voluntario, una entrevista con el expulsado, unas nominaciones adulteradas, la entrada de tres exconcursantes, la apertura de un escenario nuevo, una expulsión a cuatro y todo el foco mediático alumbrando sobre tu cabeza, la mayor parte de la gala nos la tiramos viendo videos de la estafa de carpeta entre Adara y Pol con su correspondiente dosis de “musiquita” empalagosa... es normal que cuando Pablo decide abandonar, nadie, absolutamente nadie, del programa supiese reaccionar sumiendo a la gala en el mayor desconcierto visto últimamente en televisión.

 Fue una bofetada de realidad en pleno rostro a cualquier atisbo de linea editorial, el fracaso anunciado de una filosofía basada nada más y nada menos que en el principio de propaganda del ministro nazi aleman Joseph Goebbels, que resumía anteriormente. Para eso no estábamos preparados, no estaba escrito en el guión, parecía que pensase cualquiera que estuviese viendo el programa en ese momento, me imagino voces nerviosas, carreras, órdenes contradictorias, caos absoluto, desconcierto y lo que es peor, absolutamente nadie sin saber que hacer. La bomba de Gran Hermano 17, anunciada con voces de oro y trompetas estalló por los aires porque un mequetrefe de tres al cuarto no estuvo dispuesto a pasar por el aro de la incompetencia de todo un monstruo de la comunicación y su absurda linea editorial.

  Por mucho Goliat que tuviese enfrente... “Eso no era Gran Hermano”