30 de diciembre de 2015

NO HACE FALTA TÍTULO PARA UN FINAL

 Vamos a imaginarnos por un momento a ese muñeco juguete que gusta a dos niños al mismo tiempo y que ambos consideran como suyo, en un momento dado ambos empiezan a tirar cada uno de un brazo... solo imaginarlo, e imaginar el resultado final. Ha sido una edición dual. Dos mundos totalmente opuestos en base a un argumento común, el desarrollo ha hecho que se viviera desde dos perspectivas distintas. Tiremos por donde tiremos siempre nos aparecerá esta dualidad a la hora de analizar lo que ha sido el concurso este año. La más clara y evidente ha sido las dos ópticas desde las que se ha vivido, por una parte la audiencia mayoritaria que ha seguido el directo y por otra los intereses televisivos y la forma de rentabilizarlos.

 Dos formas, dos métodos, dos caminos... Pero si ahondamos un poco más, dentro de esta última opción también podríamos separar el proceso en dos, por un lado los intereses de la cadena y por otro los de la productora. Está claro que la cadena vela por los suyos propios y la productora se encuentra en la encrucijada de estar en medio, a caballo entre quienes soportan su supervivencia y quienes la alimentan. Una posición difícil y a veces con objetivos encontrados, dar pábulo a los dos al mismo tiempo hacen del resultado final un verdadero quebradero de cabeza y un amargo sabor de boca. Solo si logramos diferenciar tales aspectos y a diferencia de ella, conseguimos darle cierto sentido a lo vivido y alguna mediana explicación.

 Nos centraremos en la primera opción que es la que realmente nos implica. Para nosotros ha sido una buena edición. Divertida, plural, emotiva, interesante, pasional y diversa, con unos concursantes atractivos en su diversidad y diferentes en sus estrategias, un directo como nunca habíamos vivido donde en cualquier momento siempre podía ocurrír algo, la más nocturna de cuantas han existido lo que nos ha propocionado unos contenidos bastante jugosos, ha reaparecido la dicotomía de los grupos, de los bandos, los malos y los buenos, esa separación de emociones que nos han hecho inmiscuirnos en su propia piel. Esos bandos han echo efectiva nuestra propia separación con la pasión que ello conlleva y el aumento de atención. Nos han obligado a posicionarnos, a dar tantos tumbos como quebraderos de cabeza, a justificarnos y desjustificarnos tantas veces como ellos iban viviendo, han tirado de nosotros a su ritmo y nos han enseñado a no dar nada por sentado como estábamos últimamente acostumbrados.

 Hemos volado con ellos de la mano, cosa que nos ha acercado como nunca a esa esencia que simpre habíamos demandado. Nos han hecho traspasar por primera vez en mucho tiempo esos muros y vivir de cerca toda la experiencia como siempre habíamos querido. Nos han hecho emplearnos a fondo, en sus cosas buenas y en sus cosas malas. Han transmitido esa emoción que nos había sido arrebatada en últimas ediciones, pero no solo eso, nos han hecho divertirnos y hemos estado entretenidos. Desde nuestro punto de vista hubiese sido una edición antológica si no hubiese sido porque la segunda opción ha logrado meter sus tentáculos hasta límites insospechados y han condicionado muy mucho sus comportamientos y arrastrado el nuestro. Habría sido maravillosa, y solo podremos dejarla en un bien rampante.

  La versión punto dos de esta edición ni ha dependido de nosotros ni ha dependido de los concursantes. Artimañas sospechosas que han querido influir en el devenir del concurso guionizando y teledirigiendo una convivencia ya de por sí extraordinaria en contenidos han hecho posible la caricaturización de la misma pareciendo a veces como forzada. Ha sacado a la luz lo peor de la misma televisión, arrancándonos de la realidad para mostrarnos una teatralización de sus propios intereses. Han provocado carpetas imposibles y desnaturalizadas, han engordado tramas hasta el hastío perjudicando a los propios concursantes que se han visto manejados por las circunstancias y han hecho de la propia convivencia una mera tesis de laboratorio donde todo debía estar previsto y calculado hasta el último suspiro.

 Los programas mismos de la propia cadena han contraprogramado la propia realidad de la casa y que todos estábamos viviendo. Nos han sumido en un divorcio imposible de digerir, hasta el punto de sentir asco de una manipulación torticera de la propia realidad. Han secuestrado la vida en directo para dilatar sus propios guiones sin respetar siquiera la propia convivencia. Han hecho un juego de ficción de algo que por sí solo ya fluía real retorciéndolo hasta parecer una caricatura de lo que nuestros propios ojos habían vivido, han suplantado la propia realidad distorsionándola hasta límites ridículos que al final no han producido más que risa y verdadera pena. Han engendrado un monstruo que poco a poco les irá autodevorando, y lo peor es que se sienten orgullosos de él.

 Y en medio... la verdad. De este choque de trenes no puede salir nada bueno. Ya sé que enseguida vendrán y dirán que siempre estamos con lo mismo pero que ahí sigue Gran Hermano. Si. Pero a qué precio me preguntaba... No, el último secreto que al final la propia organización no se atrevió a sacar a la luz no tenía nada que ver con la edición de los secretos. Iba más allá. Ni era el anuncio del diecisiete ni las sobrinas estaban allí por Sofía... Creo que todos somos conscientes de la deriva del concurso, de su utilización, su perversión y de su envenenamiento, aún así seguiremos resistiendo aunque sea viviéndolo de la misma forma paralela como lo hemos vivido este año. Crearemos el nuestro propio cogiendo esos matices que nos valen, es una guerra entre David y Goliath, pero no olvidemos el final de la leyenda. Mientras existan hondas y existan piedras seguiremos peleando para intentar darle sentido a nuestro programa favorito. Es nuestra obligación y por eso seguimos aquí.

Desde hace ya seis años que lo venimos haciendo, y seguramente seguiremos. Pero esta edición ya se ha acabado. Desde el mismo momento en que salió Sofía y se apagaron las luces de la casa, se apagan aquí también. Sé que las trampas a veces son tentadoras, ahora montarán el Vip, luego enlazarán con Supervivientes y luego se inventarán otro para enlazar con el nuestro, no deja de ser una maquiavélica maniobra de distracción para salvaguardar sus propios intereses, abusan de la propia naturaleza de la ignorancia para retroalimentarse, a veces viviendo incluso de las rentas de algo bueno que ellos mismos prostituyen al uso. No caeré. Qué curioso que se utilice la misma técnica que George Orwell empleó en su novela 1984 y en la que se inspiró John de Mol para crear Gran Hermano, casualidades del destino han hecho que la propia dependencia haga permanecer atados al sofá durante todo el año a mucha gente aislada de su propia realidad y viviendo en una sociedad distópica donde se manipula y se vigila toda la información. Te atraen, caes y te enganchas. Luego no puedes vivir sin ello. En la tergiversación de las personas radica la trampa, en su autenticidad la búsqueda de aquella verdad que un día del año dos mil a otros sí nos enganchó.

  Solo tengo palabras de agradecimiento por haber cuidado de este rincón y haber contribuido a que podamos vivir Gran Hermano desde la perspectiva que más nos une, desde las divergencias o desde la coincidencia pero siempre desde la libertad y el respeto a la naturaleza del blog. Os aseguro que no pido más, ni quiero más. No ha sido fácil como nunca lo es, pero sí alentador el ver que día tras día nos ha superado hasta la propia estadística, habéis hecho de este sitio un lugar maravilloso donde hablar del programa que nos gusta, donde debatir y reflexionar, un lugar de encuentro donde desahogar nuestras filias y fobias, nuestros estados de ánimo o solo donde leer o escribir. No puedo nombraros a todos porque todos lo habéis hecho posible, permitidme que agradezca particularmente a las personas que me han ayudado con sus entradas de fin de semana y que han contribuido con su esfuerzo a que el blog permaneciese vivo hasta los domingos, Choco, Mayra, PK, Jacaranda... gracias por vuestras aportaciones. A todos, absolutamente a todos, gracias por todo. 


28 de diciembre de 2015

... POR EL MONTE LAS SARDINAS


  La noche que a Han se le preguntó si conocía a Aritz de fuera y este en vez de ser tajante y responder con la verdad sonrió de una forma altamente sospechosa a muchos se les quitó la venda de los ojos. Bienvenidos. Ni la presentadora supo reaccionar. Lo de menos es esa fase de duda que se apropió de todo, nadie sabía lo que pensar, lo más atrevidos se lanzaron enseguida a disculpar su respuesta echando balones fuera y culpando a los focos del plató. Nada más lejos de la realidad, pensar que una vez Jordi había dicho lo mismo no nos rescata de la desconfianza. Pero si se quiere dejar así. Bienvenido sea también. Me tiré todo el concurso advirtiendo que Niedziela sería finalista y expuse los motivos, pero es igual, a estas alturas ya nada importa. Todo ha terminado, y Mercedes Milá en un alegato final defendiendo al programa saludó al ganador de la siguiente edición. Para ello, y por primera vez, se llevó a todas sus sobrinas al plató, según ella, para conocer a Sofía, su favorita. Todo normal como la vida misma...

  Pero es que lo que en su día fue Gran Hermano... la vida misma, esa poderosa razón por la que muchos nos subimos a ese carro, ha degenerado mucho. Como a lo mejor, la vida misma. Y hemos madurado. Ya no somos tan vírgenes como hace unos años, el tiempo pasa, los años también, crecemos a la sombra del programa y por tanto nos conocemos desde pequeños... desde que nació. Lo hemos visto crecer, alimentarse, madurar hasta hacerse casi mayor. Hemos visto desfilar a cientos de concursantes, técnicos, colaboradores, presentadores, lo hemos visto evolucionar todo, desde el más insignificante atrezo hasta los más sofisticados estilismos, desde la casa más empobrecida hasta la más inteligente... Al tiempo que hemos vivido su crecimiento hemos asistido al crecimiento de quien lo tutelaba, una televisión extemporánea que ha crecido en un seno inadecuado e improcedente que no caminaba al mismo paso que una sociedad cambiante y moderna, al contrario, siempre iba dos pasos por detrás, como anclada en un pasado trasnochado y arcaico. La caja ha marcado el modelo y mientras la caja iba bien, todo iría bien. No habían más objetivos, ni pasados, ni presentes ni futuros...

 Anoche nos ofrecieron el último debate. El debate final. Final de último, no de ese debate final en el que todos los concursantes hacen un repaso de lo que ha sido su vida en la casa o ese en que todos recordamos la edición con esos vídeos nostálgicos o esas imagenes inéditas que siempre dejan para el último día, no. Un debate al uso como el que tantos hemos sufrido a lo largo de la edición, es decir, vuelta de la burra al trigo. Dos horas de Aritz, de Han, de Aritz, y de Aritz. Una entrevista calcada a la de la semana pasada, las mismas respuestas, el mismo silencio, el mismo todo de lo que hemos estado viviendo y sufriendo durante tres meses, que se dice pronto. Ya no se trata de que diga todo aquello que no quiera decir, creo que ya a nadie importa eso, no nos va a descubrir su personaje, me sorprende que se vuelva una y otra vez a lo mismo como único argumento para justificar el programa. Menos mal que para eso sí que era el debate final, nos lo venden como una última oportunidad. Qué ilusos. Y nos muestran sus imágenes de cuando bajaba en coche y despotricaba de Sofía, del programa, de casi de todo.... Y nos venden a un Aritz irascible y totalmente susceptible con todo lo referente a su persona y su concurso. Qué ilusos... Y Han con la boca cerrada. Claro, como es chino y no se expresa bien... qué ilusos...

  De todos es sabido que la productora y la cadena andan de uñas, la mayoría lo sabíamos, pero no nos habíamos dado cuenta de hasta qué punto. Ha debido de ser terrible, me temo. Y lo peor está por llegar. Dos finalistas, uno de la cadena y otro de la productora, y que salga el sol por Antequera. La productora empieza en breve un nuevo reality en otra cadena, precisamente la cadena enemiga, la más odiada, la que les marca los objetivos... Quién sabe. Lo mismo hasta tenemos suerte, y por una ecuación de lo más inverosímil volvemos a nuestros orígenes. El último secreto se quedó dentro del armario. Lo mismo Aritz les volvió a descuadrar... es que al final, el niño hasta nos ha salido rebelde. No, no vayáis por ahí, cuando digo armario no me refiero a eso, sino a que ha permanecido oculto, seguramente por un cambio de planes de última hora. No era el momento, fue una entrevista difícil y no se consideró el momento el adecuado. Tiempo tendremos, ahora no tocaba especular, demasiadas emociones para una sola noche. El alegato final estuvo bien, sí, a tí, ganador de GH17... resultó hasta entrañable. No era cuestión. Las sobrinas, pudieron ver a Sofía. Todo estaba previsto, pero Aritz lo jodió todo. Y Han.

 A ver si va a resultar que la edición de los secretos, esa del “que nada es lo que parece”, al final va a dar un giro inesperado y todo al final va a resultar que “sí es lo que parece...”. Es lo que tiene no ir a la par de todo, estar anclados en el pasado y que la propia audiencia te sobrepase y vaya dos pasos por delante. La insistencia en el error ha sido considerable, este año ha sobrepasado algunos límites, tanto, que a casi nadie ha sorprendido. Se ha intentado dar un giro de tuerca con una final surrealista que recondujera la situación, pero no ha podido ser. Su propio cebo les ha fallado y ahora están todos que trinan. Bueno. Un final más. Pero este ha sido especial. Deseo. Y espero que sea el definitivo. Una cosa. Lo del Vip ya no tiene remedio. El punto y aparte ni siquiera ha logrado cambiar de párrafo. Las cosas no son tan simples a como nos las quieren vender. Hemos sufrido este años dos Grandes Hermanos, lo llevábamos tiempo advirtíendo, el nuestro ha funcionado, lo que no sabía era que el suyo estaba tan mal. Quedémonos con el nuestro y no le hagáis mucho caso a los cantos de sirena. Están un poco perdidos...


24 de diciembre de 2015

GANÓ SOFÍA


  Es una mezcla de sentimientos encontrados. Por un lado la nostalgia que nos depara cada vez que ocurre ese clásico “apagón de luces” que sigue a la litúrgica “soledad del ganador” y por otra el recurso fácil de tener que volver a hablar hoy de algo que casi nunca deberíamos hacer la mañana siguiente de una final de Gran Hermano. Cada año, los que seguimos este reality guardamos esta entrada para homenajear a los ganadores y ensalzar si cabe la figura de los merecidos finalistas entre otras cosas como unas últimas letras de agradecimiento a todo lo que nos ha deparado el concurso. Es curioso, que hemos analizado esta edición desde casi sus inicios de una manera dual entre las dos realidades que hemos estado viviendo, la de dentro y la de fuera por llamarlas de alguna manera. Apenas hemos discutido los dos grandes hermanos que se nos ofrecían, el que vivíamos intensamente a través del 24h y que emanaba desde lo más profundo de la casa y el que se nos era mostrado a través de los diferentes programas, la vida en directo y la televisión, la realidad y la pseudorealidad. Hoy, el día después del final de todo, esa realidad dual se nos vuelve a confirmar y para ello de nuevo tenemos que adentrarnos a nuestro pesar en esa misma realidad.

Ganó Sofía. Y sin que la nostalgia nos invada hemos de hacer un ejercicio ecuánime entre lo que pudo haber sido y lo que en verdad fue la gala final... su momento. Para ello deberiamos distinguirla en tres grandes bloques bastantes diferenciados, unos nos trasladan en el tiempo a esos últimos minutos siempre nostálgicos y litúrgicos que supone la proclamación del ganador y su posterior entrevista y otros nos conducirán a esa pseudorealidad de la que antes hablábamos. La fusión de ambas realidades nos dará el resultado. El problema surge precisamente de este resultado, ese amargo sabor de boca que resulta de fundir la esencia misma, lo que conocemos en términos granhermanísticos como el espíritu de Gran Hermano con el circo mediático que le rodea, los focos, las prisas, el guión y el maldito share.

  La proclamación del ganador, la entrevista a Aritz y la entrevista a la ganadora compendiados en una sola gala nos lleva irremediablemente a cuatro horas intensas donde de nuevo tenemos que hacer de montaña rusa y fundirnos en el más estricto y fiel espejo de lo que ha sido la presente edición, unir en ese tiempo lo nuestro y lo suyo no resulta tarea fácil pero tampoco hay mejor manera de expresar la realidad de lo vivido. La emoción anoche estuvo bastante delimitada por unos porcentajes absolutamente incuestionables, solo la típica duda que nos inspira edición tras edición el comportamiento anómalo de una organización cada vez menos sorprendente y los mensajes y el runrún inevitable de esos ecos que invaden las redes sociales a través de los seguidores de uno u otro hicieron mella en nuestra ansiedad e intranquilidad hasta conocer el nombre final. Era el plus que nos mantuvo en vilo hasta el último suspiro, por otra parte de agradecer, ya que siempre ha formado parte de lo nuestro.

 El cómo sería formaba parte también de la expectación inherente a lo que para nosotros siempre se supone como el gran día. Verlos solos en esa tensa espera, arreglados, atenazados por el qué pasará nos hizo inmiscuirnos de lleno en esa final, mimetizarnos con ellos en esos angustiosos minutos de espera solo tuvo la recompensa típica de unos vídeos de final donde la nostalgia y los recuerdos asomaban ansiosos ante nuestros ojos mientras mirábamos de reojo el cronómetro de esa interminable cuenta atrás. Los llevaron a una especie de buhardilla donde algunos objetos personales les hizo mentalizarse con aquello que estaba por llegar, olían el final. Una ventana les despertó y ante el impacto traumático que les causó la caida de la tela que les separaba del exterior, sus latidos se dispararon. Ya no había marcha atrás. Sus fans representaban su realidad, y esa estaba a punto de llegar.

 Tres meses de encierro dan lo suficiente como para no poder reaccionar, atravesar la pasarela que les condujo hasta el podio fue un auténtico shock para ellos que no atinaban a distinguir entre los aplausos, los flashes de los móviles, el frio o el final que les esperaba. En ese momento volaban sin saber a donde. Parecian entre tranquilos y confundidos, eran de los nuestros en esos mágicos momentos de los nuestros. Miraron hacia la pantalla, y en ella las voces de sus antiguos compañeros pasaban aleatoriamente sus rostros con un único sonido de fondo, apenas lo oyeron, no les dió tiempo porque aún seguían volando encima de una nube.

 La audiencia, audiencia, ha decidido, decidido, que el ganador ganador, de Gran Hermano dieciséis, dieciséis sea... Sus corazones se paralizaron, los nuestros también por unos instantes. Esa pausa nos hizo soñar, a ellos también... Sofía... Su nombre apareció inscrito en letras de oro, sus manos temblorosas se dispararon hacia su rostro en una mezcla como de incredulidad y vergüenza mientras Aritz aplaudía, su nerviosa sonrisa le guió hacia un abrazo con su compañero, un soplo, un resoplo... no se lo podía creer. Mientras tanto en algunos salones de España se pudo escuchar un sonoro “sí” de infinita alegría, en otros la tristeza paralizó ese momento. Las redes ardieron y se dispararon a miles de tuits y comentarios por segundo con un solo denominador común. El nombre de la ganadora... el nombre de Sofía.

  La soledad de la ganadora, la casa vacía, su risa nerviosa de incredulidad nos recondujo a esa extraña reconciliación con el programa mientras medio mundo se lamentaba de lo que pudo haber sido y no fue. Las distintas reacciones de los exconcursantes nos hizo aterrizar y volver a meternos entre los focos de la realidad. Allá arriba, solo quedaba Sofía. Sofia y su mundo, sus recuerdos, esos pensamientos que procesan a la velocidad de millones por minuto y no te da tiempo a fijar ninguno. Mientras Mercedes valoraba con plató unos vídeos de la ganadora y hacía tiempo con las reacciones... las luces se apagaron. Cuántos recuerdos...

 La expectación ante la entrevista era máxima. Muchos seguíamos esperando esa luz que nunca llegó. Ni cuando se abrió la puerta y tras los abrazos de prácticamente todos sus compañeros, amigos, familiares atisbábamos un poco de esperanza. No pudo ser. Mucha tela que cortar y mucho humo otra vez para la basura más insignificante. Aritz no defraudó. Se mantuvo fiel a sus principios, esos principios que algunos jamás entendimos y seguimos sin entender. Ya sé. Los suyos. Nos lo repitió cienes de veces durante la entrevista. “Sin etiquetas” era su slogan, Gran Hermano el nuestro, y entre medio y a medio gas un poco de luz al menos. Es lo menos que podemos exigirle a un concursante de Gran Hermano.

 Aritz opuso resistencia, no somos quién para hurgar en sus intimidades, podemos diseccionarlos, analizarlos, juzgarlos o prejuzgarlos, valorarlos, otorgarles nuestra confianza o nuestro desprecio, amarlos u odiarlos en función de sus comportamientos, pero jamás podremos hurgar en sus intimidades aunque estas le hagan daño a otro concursante y lo sumerja en la más absoluta desesperación... Siempre podremos hacerlo con los demás, mas jamás en la suya. Porque él es una persona “sin etiquetas”, hace lo que le sale del nardo y nosotros no somos quién... seguramente para otorgarle un premio en metálico de trescientos mil euros en función de su comportamiento si, pero nunca para juzgarlo. A los demás, sí. Pero jamás a él. 

  El día que no podamos juzgar a un concursante, ese dia Gran Hermano habrá acabado, porque ese es nuestro sentido, juzgar su concurso y emitir un veredicto, mientras no cambien las reglas... seguiremos siendo audiencia soberana quiera él o no quiera. Él no ha querido... y la audiencia ha emitido su veredicto. Culpable por no ser claro. Ni con nosotros, ni con Han, ni con él mismo. La sentencia ha sido contundente y la consecuencia su derrota en la final. Arrogante, intransigente, demagogo y contradictorio, aunque esto último tenga atenuante, todos lo somos. El chico que se jacta de ser claro, sincero, transparente, de ir de frente por la vida, sin etiquetas y de hablar claro y rotundo anoche convirtió su entrevista en un decálogo de lo más clarificador: “Me lo guardo para mi”, “eso yo lo hablaré fuera”, “a tí te lo voy a decir”… No hay más preguntas, señoría.

 Sofía inundó el plató de aire fresco después de la sesión de humo a la que habíamos asistido. Extraordinariamente bella al traslúz de la puerta mientras se abría, nos devolvió la sonrisa y nos guió de nuevo hasta nuestro Gran Hermano. Como de la noche al día. Y con un sol radiante. Era la ganadora, y como tal se comportó. A esas alturas para casi todos sobraban las explicaciones, a ella hasta le sobró la entrevista, pero aún así volvió a demostrar porqué ella y no Aritz fue la elegida. Sofía como en las carreras de fondo, ha brillado justo donde más es necesario, al final.

  Y ha ganado porque al final, ha demostrado ser con sus solo diecinueve años la más madura de todos los que habían pasado por la casa, la más coherente con sus principios y su forma de pensar, la más autocrítica con sus errores y la más fiel a su propio modo de vida, una niñata en entredicho que ha tenido que soportar la ira y la incomprensión de aquellos que ni siquiera se han atrevido a conocerla, y no será porque no lo ha facilitado, se ha abierto en canal, se ha desnudado hasta el infinito, se ha mostrado en todas sus aristas, las buenas y las malas, ha sido generosa hasta el hartazgo aún a pesar de ir contra ella misma y sus propios intereses, ha llorado como la que más, se ha divertido como la primera, ha disfrutado y lo ha pasado mal, ha crecido hasta lo inesperado, pero lo más importante, nos ha hecho partícipe de todo ello, lo ha compartido sin obligarnos a nada y con absoluta generosidad.

 Ha sido humana, por eso hemos vivido sus celos, sus traumas, sus deseos y sus ignorancias, sin dobleces ni trampas, tal cual lo ha vivido lo hemos vivido, la hemos creido muchos porque era muy difícil no verla, quien no la ha visto ha sido porque no ha querido o no ha tenido el mínimo interés, nos ha desarmado muchas veces, otras ha estado hostiable, pero siempre nos ha encandilado con esos flashes de libertad con que nos ha dado una enorme bofetada de realidad.

Felicidades Sofía...


23 de diciembre de 2015

LA GRAN NOCHE


 El objetivo estaba claro. Y bueno, lo han conseguido. A medias. Mar de Plástico superó a toda una “semifinal” o “terciofinal” o lo que quiera que se le quiera llamar a “lo de anoche” en un millón cien mil telespectadores. Está claro que era un programa creado y estudiado para rebañar todo el share posible a la serie de Atresmedia y seguro que algunos les restó, aún así, el dato es demoledor, casi cinco puntos por debajo de la última gala. Sé que esto a lo mejor no viene a cuento, pero es irremediable teniendo en cuenta el interés mismo de la propia cadena por su propio programa estrella, al que supedita a contraprogramar otros programas a modo de comodín en vez de dedicarle plena atención. Solo hablo de una realidad que deja muy mal parada a una organización dispuesta a lo que sea, incluso desprestigiar su propio concurso, en pos de unos intereses meramente especulativos. Luego no querrán que dudemos de muchas cosas, pero no concibo a Gran Hermano como una parte sino el conjunto de un todo entrelazado y que con actitudes como esta poco a poco se irá desprestigiando a sí mismo.

“Lo de anoche” había que dotarlo de contenido para que al menos pudiese disimular. La lástima es que para ello Gran Hermano tenga que renunciar a parte de su propia esencia, a su verdad más real, a lo etéreo que pulula en el ambiente y a veces nos impregna de esa magia a la que seguimos siendo fiel. No creo que todo el argumento haya sido preparado en función de la entrevista a Niedziela, si lo creyese, sinceramente me sentiría mal. Porque ahondaría más si cabe en el despropósito en que han convertido algunos guionistas o responsables a este concurso de telerealidad. No me atrevería ni siquiera a pensar que hayan sido capaces de sacrificar el día más feliz de una de las concursantes más auténticas que se recuerdan o una final atractiva, memorable, justa, bella y especialmente emotiva por un puñado de share al peso.

 Solo se hubiese tratado de pensar, se podían haber hecho maravillas con el programa de anoche, sin embargo Niedziela en vez de subirse esta noche al podium y disfrutar de sus últimas horas como se merecía, volvió a ser ninguneada por una organización que ha vuelto a traicionar a su propia audiencia y a utilizarla a ella como ratoncito de laboratorio. Ni creo que lo mereciese ella ni creo que nos lo merezcamos nosotros. Eso no restaña más la herida y ahonda más si cabe en la brecha dejando en mal lugar sus propias mentiras formateando un escenario engañoso en el que se dice que lo importante siempre seremos nosotros... o los concursantes. Ni se nos ha preguntado ni se nos ha tenido en cuenta, si alguien hubiese sido mínimamente sensible con su propio programa habría adivinado nuestro deseo. Niedziela hoy estaría en Guadalix y esta noche saldría de la mano de su mejor amiga en una final a tres que seguramente nos habría reconciliado a muchos.

 La que dicen fue la mejor entrevista de la edición, no fue tal, sino el reflejo de lo que ha sido el concurso de Niedziela. Nadie tiene la culpa de que los guionistas se pasen tres meses buscando sonidos guturales debajo de las sábanas de Han y Aritz o enfocando el jardín donde Suso buscaba protagonismo con Raquel mirando a cámaras, la Niedziela de ayer no es nueva, es un calco de su propio concurso, ese que por no pasar por cierto aro fue ninguneado desde el primer momento. Anoche muchos se dieron cuenta de que nos han tenido secuestrada y oculta bajo el disfraz del morbo más chapucero a una concursante genial, divertida, cariñosa y entrañable, no solo capaz de levantar el argumento de una gala entera para salvarle los muebles sino de lograr lo que ningún concursante ha podido hacer hasta ahora... unificar a toda una audiencia en su reconocimiento.

 Esta noche termina Gran Hermano, pero no quería pasar por alto un episodio de anoche que a mí particularmente me conmovió y clarificó. Ellos lo llamaron “rendir cuentas”, seguramente el azar y un guión meticulosamente trazado ni imaginaron su trascendencia, hoy seguramente será comentado de refilón y como anécdota simplemente de relleno. Es una opinión muy personal pero para mí, seguramente uno de los pocos momentos cumbre de la disparatada noche. Ambos finalistas debían hacer un repaso de los que habían sido sus compañeros de convivencia, Sofía habló bien de quienes habían sido sus amigos y habló mal de sus enemigos, nada anormal y hasta sensato. Aritz habló bien de todos como si todos hubiesen sido sus amigos, a sus enemigos los justificó con el silencio. Al pedirle opinión Mercedes Milá a todos los exconcursantes la reacción general fue que Aritz se había llevado bien con todo el mundo y que Sofía apenas se había llevado bien con nadie. Esa fue salvo excepciones lógicas la opinión mayoritaria de todos los que habían convivido con ambos. Me hizo pensar que no dudar sobre lo que había presenciado pues mi realidad durante el concurso no coincidía plenamente con el criterio del vasco, no ya por el desliz de poner a la misma altura a Han y a Amanda en su particular balanza sino por la ausencia de sinceridad que percibí tras su mirada. Me generó dudas su discurso.

  Mi lectura seguramente trascienda de lo banal y lo escuchado, pero volví a presenciar la valentía en todo su esplendor, la verdad entre lo que uno cree firmemente sin importarle sus consecuencias frente a una pose desnaturalizada donde seguramente un discurso soltado de carrerilla haría a un concursante parecer mejor. Seguramente seré un ser extraño, pero prefiero fijarme en los gestos más allá de las palabras y anoche Sofía mientras relataba el paso de sus compañeros se compungía y lamentaba de lo que estaba diciendo, lo sentía, e incluso me atrevo a especular en si no estaba detallando con cierto desdén su propio comportamiento haciendo una completa autocritica de su propio concurso, ni podía ni debía mentirse a ella misma. Aritz sin embargo optó por un clásico recurrente en todas y cada una de las ediciones, “me he llevado bien con todo el mundo...”, salvoconducto para la duda cuando no solo todos sabemos que eso jamás puede ser así y cuando lo que se pretende con esa actitud nos haga dudar al menos de que estuviese buscando el aplauso fácil. Desconocimiento total de Gran Hermano, y en eso, le doy la razón al vasco, su inocencia le ha traicionado. Sofía sin embargo sencillamente fue sincera.

 Sé que a estas alturas un episodio así y su valoración apenas tiene sentido tras tres meses de concurso, pero a mi me pareció simbólico de lo que han sido sus trayectorias. Decía que hoy terminaba Gran Hermano y por supuesto apenas quedan cosas por contar, sírvase de ejemplo como introducción lo anterior. Solo dos concursantes ha querido el destino que confluyan en esta final, Sofía y Aritz, dos concursantes antagónicos en absolutamente todo, dos formas de vida diferentes, dos maneras de pensar opuestas, dos comportamientos contradictorios. No voy a relatar hoy lo que llevamos repitiendo todo el concurso, será la piel o será la gracia, formas distintas de ver las cosas, tan sencillo como espectacular y a eso nos remitimos cuando leemos o escribimos algo sobre ellos. Razones, miles, a cada cual distinta y perfectamente justificada, naturalmente cierta y brillantemente argumentada. Es cuestión de fe, dije en una ocasión, creer o no creer, sentir o no sentir, que te llegue o que te sea indiferente, que te envuelva o que te rechace, que te atraiga o que no... qué más da. Gran Hermano sin esa escabrosa dicotomía no tendría ningún sentido, nosotros aquí, no tendríamos ningún sentido, nos dedicaríamos a contar lo que vemos sin alma ni pasión, seríamos brillantes narradores pero sin fuste, huecos, vacíos... sin corazón.

 Pero no es así, porque si fuese así hace años que Gran Hermano ya habría chapado. Toca convencer, o convencerte a tí mismo de que lo que sientes es real, sin trampas ni mentiras. Difiero de aquellos que basan su ofensiva hacia Sofía argumentando que solo ha vivido el concurso a la sombra de Suso o de “cualquier hombre”, y luego sin embargo los ves denodadamente defendiendo el concurso brillante de Aritz, las contradicciones son la salsa a veces y dan para cualquier tipo de debate, pero es que quien basa su elección en un argumento tan simple es que creo que no se ha coscado del concurso en sí. Tan elemental como que si ambos hubiesen dependido de eso, ninguno sería finalista y su concurso habría finiquitado con la desaparición de sus “justificaciones”. No ha sido así, por tanto, algo más habría. O sencillamente no es verdad.

Independientemente de cualquier razonado argumento por consistente que parezca, a mí Sofía me ha atrapado mucho más que Aritz, sin discutir el concurso de ambos, creo que Sofía me ha llegado más, Aritz no me lo ha permitido. Sofía se me ha abierto en canal, me ha traspasado más allá de lo justo y necesario, se me ha ofrecido en toda su crudeza, me ha mostrado sus vergüenzas y su encanto, se ha desnudado mucho más sin importarle nada ni nadie, se lanzó a tumba abierta hacia su propia muerte, ha sido una suicida con alma, pero sobre todo se ha dejado mirar, sin muros ni fronteras, a corazón abierto y sin clichés que la frenasen, y yo se lo agradezco. Aritz, sin embargo siento que me ha ocultado cosas, que para mí es lo mismo que si me engañasen. Ha ido de una manera demasiado meticulosa en el concurso, contenido, calculador y poco transparente, muchas de sus verdades seguramente las ha ocultado bajo un edredón pero luego me ha las querido vender como inéditas y sin dejar que las probase, o simplemente observase. Me ha ninguneado con su verdad, lo mismo es que no la he entendido y ha sido culpa mía, Sofía sin embargo me la ha explicado miles de veces y sé que si se lo vuelvo a pedir de nuevo lo hará, Aritz no, siempre dió por hecha nuestra comprensión, sin pensar que podría no ser así. Pero es que le ha dado igual que la entendamos o no, el problema será nuestro y nunca de él. Sofía es consciente de que si no la entendemos es por su culpa, unicamente por su culpa. Jamás de los demás.

 No sé si será empatía como tendría que llamarle a lo mio con Sofía, o cercanía, o fe, lo que si sé es que yo la creo, y lo que me ha dado es verdad. Esa es mi apuesta, Lo fue desde casi los primeros días, mi prudencia hizo que me callase mucho, que no acudiera a compañeros de blog quizás cuando lo necesitaron, pero estaba tranquilo. Me hubiese gustado que Sofía esta noche viviera su mágica despedida con sus dos amigas, Marta y Niedziela, pero no ha podido ser. Sin embargo estoy convencido que su triunfo, si se produce, también habrá sido de ellas. Y cuando esta noche se apaguen las luces de la casa y se quede sola, en compañía de esa soledad mágica, cuando mire al cielo y resople una y otra vez... cuando su cuerpo tiemble de los nervios y vea las estrellas, de tantas solo se fijará en tres. Las embrujadas.


22 de diciembre de 2015

ANOTHER ME



 “...Un día como cualquier otro, Fay empieza a tener la molesta sensación de que alguien la está siguiendo. Aunque parece absurdo, Fay juraría que ese alguien es su doble, una persona exactamente igual a ella...”. Esto solo es el extracto de la sinopsis de la película “Mi otro yo” dirigida por Isabel Coixet. Las historias de doppelgängers han sido muy recurrentes en la literatura y en el cine, dicho vocablo procede del alemán “doppel” que significa doble y “gänger” que significa andante y que sirve para definir el doble fantasmagórico de una persona viva: “El que camina al lado...”. De nuestros concursantes.

 Muchas veces a lo largo de estos interminables días nos habremos preguntado las razones por las que Sofía, Niedziela y Aritz han llegado a la final. Observándolos en la soledad de la casa uno no es que se divierta sobremanera pero sí que aprende, y comprende muchas cosas. Sofía ha arriesgado, Niedziela ha resistido y Aritz ha generado contenidos. Del vasco llevamos hablando desde el minuto cero de la edición, por activa o por pasiva ha sido uno de los protagonistas indudables del concurso, su carácter “especial”, su pose alternativa, sus no etiquetas, su relación con Han o su vehemencia modal han hecho verter rios y rios de tinta, su indefinición sexual o sus contradicciones han hecho saltar las alarmas del espectador día tras día, la ambigüedad de su comportamiento le ha proporcionado un plus de interés de cara a la audiencia que no ha pasado desapercibido para nadie... razones poderosas para conseguir su objetivo.

  Niedziela ha resistido a la tentación de las cámaras, a un ambiente hostil en el que ella jamás había vivido y a las garras del morbo, tentada desde el primer minuto por el fantasma carpeta ha conseguido zafarse de tan jugoso ofrecimiento. Ha sido fiel a su propio destino, leal a sus principios y consecuente con su personalidad. Seguramente no nos ha dado el mismo contenido que Aritz o que Sofía, pero es que en Gran Hermano cabe todo... hasta la moderación. A veces nos confundimos tanto que solo pensamos en los picos, o te conviertes en el blanco de la ira y la devoción por estar en el más alto o te conviertes a modo mueble por el más bajo, apenas nos percatamos de esa línea media de circunspección que en definitiva es la que mantiene el equilibrio de la edición.

 Sofía se lanzó a tumba abierta desde el primer minuto guiada por sus instintos hacia su propio destino, se puso una venda en los ojos y se lanzó sin paracaidas a la búsqueda de su propio placer sin darse cuenta ni siquiera que estaba en un concurso de televisión. Su ceguera ha sido vital para su concurso, sus errores la han hecho excepcional y su arrepentimiento única, sus caidas le han hecho las suficientes cicatrices como para ir madurando el concurso hasta hacerlo suyo. Se lo ha terminado de beber como el que se toma una vaso de agua, sin querer, que es lo más atractivo. Ha discurrido sobre él sin enterarse con tal aplomo que su experiencia lo ha hecho determinante. A caballo entre la vida y la edición, ha dotado a esta de esa realidad que le faltaba. Su verdad se ha impuesto a todos aquellos que la han humillado por las formas de conseguirla. A veces el camino más fácil no es el más sencillo, al contrario, tienes que dejarte muchas cosas en él, y ella se las ha dejado. Pero ha seguido hasta el final.

  No me imagino a ninguno de los tres con su otro yo, soy incapaz de ver a Aritz sin Han, a Niedziela sin aprender algo nuevo o a Sofía sin pensar en ella, lo intento, pero no los veo. Ni me los imagino de otra forma que no haya sido la que hemos visto. No sé lo que le diría, los consejos que les daría, las veces que les hubiese frenado o las broncas que les habría echado. No consigo verlo. Dicen que todos tenemos a nuestro gemelo siempre al lado, nuestro opuesto. Ellos no lo tienen, por lo menos no lo han demostrado. Supongo que tendremos que volver a inventarlos.

 Imaginar a Sofía sin Suso, o sin Ricky, o sin Marta, haciendo migas con Carlos en esas conversaciones trascendentes interminables o divirtiéndose haciendo el pino puente con Carolina o echándole pimienta a los zapatos de Yvi, relajándose en las fiestas mientras suena la música de Kevin Roldán o escribiendo infinitos blogs poniendo a parir a media casa. Siendo íntima de Marina o debatiendo con Quique sobre la perfección humana. No la veo. No sería Sofía. Ni podría imaginar a Niedziela con unas copas de más metiéndose en la ducha desnuda con Suso y saludando a la cámara, o haciendo edredoning con Ricky después de una fiesta, ni tan siquiera la veo parándole los pies a Aritz después de una bronca con Han o discutiendo con Amanda a grito pelado. No la veo. No sería ella. Como tampoco me imagino a Aritz en la cama de cualquier compañero que no sea Han, escribiéndole cartas de amor a su persona especial de fuera o tirándole los trastos a Sofía. Simplemente no los veo.

  Ni sé como los habrían podido frenar sus otros yo, lo que le habrían dicho o el camino que les habría señalado. Ni lo consigo imaginar. Sí que los imagino en la soledad del confe o en la oscuridad de la noche mientras duermen preguntándose porqué habían hecho eso, jurándose por enésima vez no volverlo a repetir y no volver a caer en ello, a Niedziela prometiéndose poner algo de distancia con Vera para no herirle y sin que los demás lo noten demasiado, o a Aritz planteándose su relación con Han y poner tierra de por medio aunque le duela para no dañar a su personita de fuera, a Sofía insultándose a sí misma y llamándose de todo jurando y perjurando que no volverá a caer otra vez en los tentáculos de Suso, decidiendo que no le iba a volver a mirar a la cara y pasar de él... la de veces que su otro yo se lo habrá pedido encarecidamente, la de veces que cada vez que sucumbían y flojeaban, se derrumbaban y veían que no podían, se les habrá acercado en forma de voz repitiéndole “no”, “no”... “no”.

 Estoy convencido que hoy no serían finalistas. Seguramente se sentirían mucho más contentos consigo mismos, más felices o con la conciencia más tranquila, seguramente tendríamos un excelente recuerdo de ellos y una maravillosa imagen de su paso por la casa... y cada vez que conectemos en el debate los veríamos sentados allí sonriéndole a la cámara y dando su opinión sobre los “otros” que permanecerían dentro aún. Su gemelo, su otro yo, estaría divinamente aconsejándole adecuadamente sobre la respuesta que dar. Habrían elegido el camino correcto. A veces pienso si esos “otros” no habrán sido unos malvados y les habrán aconsejado de pena para estar donde están a pesar de todo, si no han sido en realidad sus “enemigos” y les han conducido fatal por la senda del mal, se habrán mosqueado con ellos por no hacerle ni puñetero caso o simplemente los habrán dejado por imposibles. Han estado tres meses persiguiéndoles, soltándole el aliento en el cogote, su puta sombra intentando guiarles por la ruta del bien y de lo correcto.

 Hoy estoy convencido que los tres... Aritz, Sofía, Niedziella, los odian. Odian a su otros yo. No los quieren ni ver y ya tienen ganas de perderlos de vista, sus fantasmas... esos que les persiguen a cada rato. Hoy. El último día. La última noche. Los van a echar de menos. 


21 de diciembre de 2015

EL FALSO FINAL

   Primero fue una final de siete, con lo que eso supone. Desde ese mismo momento ya nos dirigíamos a los concursantes como finalistas, con su cartelito incluido; después iba a ser una final de cinco, después de cuatro, de tres, definitivamente será de dos. Con semifinal incluida. Es decir, llevamos tres semanas de final. No sé si el concepto de lo que es una final de Gran Hermano está sobrevalorado o aquí hasta el más tonto hace relojes. Lo que no es de recibo es esta recta final tan agónica donde el verdadero corazón del programa, el directo del 24h, hace ya tiempo que pasó a mejor vida, donde los minutantes escriben por obligación y donde los espectadores, aparte de votar, cada vez menos, supongo, porque no hay bolsillo humano que resista tres semanas de llamadas, están pidiendo a gritos la resolución final. 

  Y ya es triste, que hasta los mismos espectadores pidan que llegue cuanto antes ese momento. El agotamiento es palpable porque desde hace días todo el proceso está basado en el tiempo, en el tiempo que queda por llegar. Contamos las horas mientras las redes se desvanecen y los foros se van apagando poco a poco. Solo queda saber quién... y nada más. Es elogiable el intento que se está haciendo desde arriba para mantener la tensión, las expectativas o la emoción, pero creo que está resultando baladí, todo está escrito, y los malabares no están funcionando, al contrario. La separación de los diferentes programas con la audiencia es cada vez mayor, a estas alturas solo pensamos en ellos y en el triunfo final. Anoche el debate llegó de la mano de las circunstancias a horas intempestivas y aunque se notaba el afán por redonducir la situación hacia la normalidad se palpaba en el ambiente el hastío forzado de la situación. Porcentajes, la visita de Ismael y Paula a los finalistas, los vídeos de apoyo... y la agonía que están viviendo los concursantes dentro de la casa, que aunque los intenten entretener con juegos o pruebas más dedicadas a contrarestar un aburrimiento incontrolable, el cronómetro sigue haciendo estragos.

  El tedio se ha adueñado de la edición en estos últimos días, y es una pena. No era precisamente el final que la edición se merecía, ni que los concursantes se  merecían. Ellos menos que nadie, porque a la tensión acumulada durante los tres meses de encierro hay que añadirle unos días finales insoportables donde ya no se les puede exprimir más. Están sufriendo un verdadero síndrome de Estocolmo con una organización que ha hecho de la improvisación o una mala previsión un verdadero cautiverio de su concurso final. Se nos ha anunciado para el programa de mañana, que yo no me atrevo a calificar en qué consiste exactamente porque no lo sabría encuadrar, nada más y nada menos que una “Falsa Final”, y os aseguro que nada más que pensar en el nombre ya me pongo enfermo, me produce pánico llegar a pensar en qué consistirá exactamente, no sé si será semifinal o será cualquier excusa para contrarestar el final de Mar de Plástico, lo que sí tenemos seguro es que mañana se marchará uno de los tres. El cómo y el porqué lo dejo a la libre interpretación, personalmente hasta el nombre me suena mal. Los antecedentes que tenemos no juegan muy a su favor.

  En la edición del doce más uno fui muy crítico con esa propuesta. Ya no se trata del engaño buscando un poco de entretenimiento es que ni como broma parece de buen gusto y no sé si merecerá realmente la pena los pocos minutos de sorpresa con el sabor de boca que le va a dejar a los propios concursantes, cierto es que Pipi o María en su día no se lo tomaron a mal, la procesión iría por dentro, sencillamente lo veo innecesario a estas alturas el jugar con las emociones de unos concursantes con los nervios a flor de piel y una tensión acumulada que podría estar rayando los límites de la locura. Seguro que al final será un nuevo bluf de tantos como ya nos tienen acostumbrados para intentar amenizar con contenido un reclamo de expectación. Lo inevitable, creo, va a ser el daño innecesario que una vez más seguro se les va a producir a ellos y una angustia añadida a estas horas agónicas que están teniendo que soportar por la ineptitud de quienes dirigen todo el cotarro.

  La vida en la casa, mientras tanto discurre sin sobresaltos, me temo que ya ni tienen fuerza para ello. La esperanza es lo único que les mentiene en vilo y les proporciona la suficiente fuerza para seguir aguantando estos monótonos días. Estoy convencido que son estos los días que más provecho se les puede sacar a la verdadera convivencia, cuando más se acercan y más propuestas humanas nos deberían regalar, pero tambien tengo dudas de que todo eso que seguro deben estar viviendo se nos muestre con la importancia que de ello se emana, la competición hará que se nos vierta todo lo contrario para mantener en alza la votación o el interés, datos complejos de última hora que piensan pueda condicionar el triunfo, creo que no, la gente lo tiene todo decidido desde hace tiempo y por mucho intento de suspicacia que se quiera generar la trayectoria de los tres los ha dejado lo suficientemente marcados como para pensar en cambios de última hora. Los porcentajes están siendo muy claros, y sólo despejar la incógnita nos consuela el aguante. Por lo demás... un esfuerzo añadido. 


18 de diciembre de 2015

TRES PUERTAS Y UNA LLAVE

 ¿Porqué eres tan crítico con un programa que no puedes vivir sin él?. Por eso. Porque no puedo vivir sin él. Porque lo adopté como si fuese una parte de mí mismo, porque lo quiero y porque son de esas cosas inexplicables que sientes que te pertenecen después de verlo nacer, crecer y puede que hasta lo veas morir, porque ya es como si formara parte de tí. Hemos crecido con él, hemos jugado con él, nos hemos reído y hemos llorado, nos hemos cabreado y nos hemos divertido, ha sido como esa novia a la que amas con locura pero no puedes vivir con ella, ni contigo ni sin tí, esa obsesiva realidad que a veces nos complica la vida y decimos cada día hasta aquí, para cuando notamos su ausencia desesperarnos y contar los minutos hasta que vuelva.

 Hay una parte de Gran Hermano que es sagrada, yo la convertí en mi liturgia el día en que me enseñaron el programa, mientras esa parte exista a mí me tendrá con él. Siempre. Y cuando le ataquen, me atacarán a mí, y cuando se rian de ella, se estarán riendo de mí, y cuando la engañen, estarán haciendo lo mismo conmigo. Es el corazón, el alma mismo de todo este sinsentido que estoy escribiendo ahora mismo. Los concursantes. La razón de ser de todo. Por eso me veo esta mañana en la necesidad de escribir  lo que me salga del alma, por ellos.

 Nunca me ha gustado Aritz, empecé argumentando con la excusa de que con este concursante necesitaba más tiempo del que habitualmente necesito con otros concursantes, algo me chirriaba en él que no veía claro, muchas sombras para poder pronunciarme, ha pasado la edición y aunque sea raro en mí, está terminando y sigo pensando igual. Lo reconozco, lo mismo en otras ocasiones, el no poder conocer a fondo a un concursante hubiese supuesto un punto interesante a su favor, pero presiento que con este no es así, no sé si no lo he conocido o no lo he querido conocer de verdad y lo mismo el problema no es de Aritz y es solo mio. Lo mismo es mi propio miedo a conocerlo lo que me frena a poder hablar de él, es como si presintiera que de conocerlo todo sería peor y por eso me aguanto y me contengo. No sé lo que es. Pero sea lo que sea, sé lo suficiente como para inspirarme malas vibraciones y no querer que gane la final. Yo, salvo raras excepciones, quiero un ganador que me haya ganado el corazón, que me transmita, que llegue hasta mí y me da igual como, si con su sonrisa, si con sus actos, si con sus silencios o con su lo que sea, pero que lo sienta mientras dura esta concurso, ni un minuto más, como mio. A Aritz, nunca lo he sentido como mío.

 Aún a pesar de eso, lo que el programa hizo anoche con Aritz no tiene nombre. No sé si fue un ejercicio de incompetencia, de desidia, de mala leche o de perversidad, pero me pareció ruín, bochornoso, lamentable e intolerable. Hay cosas que pueden salir mejor o peor, es comprensible, pero lo de anoche sí tiene culpables, una dirección representada en unos guionistas que este año han dado claras muestras de deslealtad a su propio programa y a su profesionalidad para conducirlo, a una presentadora que aunque sea ajena a todo lo previsto y no sea su función, en honor a todo eso que ha estado diciéndonos durante años de proteger a “sus niños”, anoche debería de haber dado un palo en la mesa y haberlo denunciado igual que otras veces se ha llenado la boca de defenderlos.

 Lo siento, pero ella es la representante de todo, la cara visible y cómplice de todo el argumento. No entro ya ni siquiera en su profesionalidad, me quedo en sus mentiras, esas que nos ha estado contando durante años y que seguramente le habrá llenado los bolsillos y le habrá dado popularidad, pero lo de anoche fue una traición en toda regla, como siempre digo, se habrá despistado y habrá estado a otras cosas, como su peloteo recurrente o promocionar su propio negocio de la librería, pero consentir con su silencio o sus risas idiotas lo que se le hizo a un concursante en la misma final y ante millones de personas tiene nombre, repugnancia, asco y traición, y utilizando la misma vulgaridad que ella emplea para según qué cosas más propia de una perfecta h. que de una presentadora de televisión. Jamás, y digo bien, jamás, la Mercedes Milá de Gran Hermano lo hubiese consentido. Permitir que se hiciese daño a un concursante delante de sus narices.

  Y digo que se le hiciese daño, porque el esperpento no termina ahí. Porque esa era la intención mientras veíamos como sucedía todo, lo peor estaba por llegar cuando Aritz en pleno directo y ante los ojos de esos mismos millones de espectadores les desmontaba todo el tinglado. No entendía como después de meterle a quien le metieron, el autor de su contraalegato, su enemigo concursal y acérrimo contrario, le meten a la madre de su enemiga en la final, la que debe de estar muriendo literalmente por conseguir que su hija gane el concurso frente a su mayor oponente, que precisamente era él. Normal que ese enfrentamiento resultase como pareció, una pelea de matones de polígono que dió hasta vergüenza ajena escuchar. Lo peor fue lo que dijo Aritz cuando acabó todo de que Suso cuando no estaban en el directo, le guiñaba el ojo y le decía que no se preocupase, o cuando a Mayte una vez terminado su encuentro al salir de la sala y por un error de audio se le pudo escuchar aquel: “¿lo he hecho bien?”, seguramente dirigido hacia algún guionista. No sé si lo hizo bien o no, pero vistas las otras confrontaciones con los otros tres finalistas, Gran Hermano anoche se arrastró por toda la mierda que le rodea llevándose con él a todos los incompetentes e imbéciles que se encargan de él.

 La gala de anoche estaba argumentada en dos cuestiones, los enfrentamientos y la entrevista a Han. Pasopalabra ya de poner en duda lo de los catorce guiones o lo que pudiera contener el sobre rojo, estaba cimentada sobre lo que estaba. Del disparate de lo primero ya hemos hablado, si acaso lamentar que un tiempo reservado unica y exclusivamente para los merecedores de la final sea empleado en potenciar las patéticas intervenciones de personajes como Suso, Amanda, Mayte o Ricky, presiento que les roban merecimientos y nos roban historia con este tipo de farsas a la carta para satisfacción de algún morboso responsable. O eso, o hacerlo peor es imposible y se empeñan en conseguirlo. Visitas inesperadas, cerrar heridas, enfrentamientos... menuda sarta de boberías para conseguir una décimas de share disparando directamente al corazón de nuestro Gran Hermano, nuestros finalistas, y recalco lo de nuestros, porque siempre serán nuestros, aunque para ellos sigan siendo unas perfectas cobayas de laboratorio en el que plasmar sus méritos.

 La otra parte era la entrevista a Han. Empezó la organización poniendo un video sobre la duda de si se conocían de antes o no en base a un vídeo que circulaba por la red desde principios de concurso con una supuesta metida de pata de Han. Anoche, sorprendentemente, quisieron entrar al trapo aludiendo al ya famoso “nosotros sin las redes no somos nadie”. Y no sé si fue peor. Lo que estuvo claro es que precisamente ese video marcó toda la entrevista y a partir de ahí Han ya no fue el que esperábamos, no sé si por creerse descubierto en algo, por la sensación de desprotección en que se vió envuelto o por la propia vergüenza de sentirse acorralado, no lo sé ni me importa, pero el Han que esperábamos no apareció, y mucho me temo que lo de anoche va a ser un calco de la entrevista que veamos en Aritz.

 La respuesta ante el visionado del vídeo fue una sonrisa sospechosa que ahondó aún más en la duda. Para aquellos que dicen un día sí y otro también que no leen el blog pero no salen de aquí les recordaré que en su día mi impresión fue la misma, no se aprecia claramente que diga “Aritz”, aunque anoche en televisión lo ví mucho más claro, más nítido, y con un sonido mucho mejor que el que habíamos visionado en las redes, mis dudas siguen estando y las manos a la boca presiento que no es por el nombre sino por la intención de una palabra en castellano que se quedó a medias. Pero es igual. Ya nada importa. La duda permanecerá siempre como parte de este GH, lo queramos o no. El concurso de ambos no habría sido igual sin estas dudas, así que apuesto decididamente por ellas como parte intrínseca de su concurso. La sonrisa de Han ante la pregunta de Mercedes de si se conocían o no, no solo añade más duda todavía sino más pimienta y más valor a todo lo vivido.

 Lo peor vino de la mano de las explicaciones que todos esperábamos, esa luz que dije en su día que andábamos buscando sobre esta relación y que mucho me temo que nunca veremos. Pero es que realmente es lo que menos importa, sino la propia explicación a sus sentimientos, ojo, no hablo de los de Aritz, sino a los suyos propios y que no supo concretar, ni supo definir ni quiso entrar tan siquiera. Veía los vídeos de su paso por la casa como el que juega a un videojuego mientras nosotros hemos estado durante tres meses vertiendo toneladas de tinta al respecto, si es que no tenemos remedio. Aquello que nosotros consideramos grave e importante para el devenir del concurso, Han lo despachó anoche con una frivolidad inusual, no sé si por su carácter frio o por el miedo que trae acumulado de Guadalix de no perder el contacto con Aritz. No lo sé. Ni me importa ya. Han está fuera y aquí terminó para mí su concurso.

 Queda la otra parte, su alma gemela, que por supuesto no va a variar mi forma de ver su concurso ni un ápice a los que llevo observando durante tres meses, besos y pajas mediante, eso se lo dejo para algunos responsables, que creo se alimentan del morbo de lo que sea y el de esta pareja en concreto les ha subido la adrenalina en múltiples ocasiones. Una estafa de entrevista. Esta vez no por las preguntas sino por las respuestas. La ambigüedad y la indefinición sigue “in crescendo” en torno a la historia de estos dos, por eso creo que Han está bien donde está y Aritz no debe ganar el concurso. Falta de transparencia. Y ya.

 Prefiero olvidarme de todo este sinsentido y copia burda de vodevil kafkiano del que mucho se ha bebido en esta edición y centrarme en las personas que quedan. Nuestros tres ganadores. Nuestros tres finalistas. Merecedores los tres y cada uno por sus circunstancias. Tres personas, tres concursantes y tres concursos totalmente diferentes, polos opuestos y equidistantes que se nos antoja como una final muy pero que muy apetecible, tres patrones de vida diferentes cuya pluralidad enriquece más si cabe la final. La compostura, la libertad y la estrategia, las formas y el fondo, el minuto a minuto o un planning detallado con fecha de caducidad, un mundo, dos mundos, tres mundos completamente alejados entre sí, solo los sentimientos, la generosidad, la piel que da la cercanía de lo vivido hacen de los tres finalistas un escaparate goloso para el espectador, al margen de escrúpulos concursales o de guerras partidistas, al margen de rabias y odios sin sentido, está eso que llamamos corazón, que nos atrae y nos envuelve, eso que nunca jamás podremos explicar con palabras y que se escapa a nuestros sentidos, esa magia que nos atrapa a uno de ellos irremediablemente y que luego intentaremos justificar con miles de argumentos, pero que en realidad no son sino excusas que nos atribuimos para negar lo imprescindible, el corazón.

 Hablaremos de matices, de conductas, de trayectoria, palabras, actitudes pero jamás podremos negarnos la mayor. Anoche, en los enfrentamientos, observé como la cámara se fijaba en la cara de Sofía mientras hablaba con Suso y con Riky, la cámara no lo pudo evitar, que guapa que estaba la condenada, pero su rostro, su sonrisa nerviosa y sus gestos la delataban, y durante un instante, casi sin necesidad de que dijese nada, le estaba escuchando decir muchas cosas...

Eso para mí lo dice todo.


17 de diciembre de 2015

LA JOYA DE LA CORONA


  Han no se presentó este año al casting de forma voluntaria. Lo llamaron. Igual que llaman a muchas personas que les resultan interesantes después de haber pasado casting y no haber sido seleccionado por las circunstancias que sean. Él se presentó al de la edición anterior y su nombre quedó anotado junto a sus características. Cuando pasas las diferentes pruebas y en la entrevista te hacen un chequeo digamos más íntimo y exhaustivo para calibrar tus posibilidades, seguramente saldrían las “no etiquetas” de Aritz. Ante la pregunta de la psicóloga o redactora responsable de que fuese más explícito, estoy seguro que salió a relucir todo eso que tantas veces nos ha vendido en la casa de no tener ningún tipo de problema con cualquier persona sea del tipo que sea. ¿Aunque sea un hombre? ¿Incluido sexo? … su respuesta no deja lugar a dudas porque la lleva grabada como una etiqueta en su diccionario verbal, “yo no tengo ningún problema...”. Esa respuesta la hemos escuchado cientos de veces de la misma forma que ese día la escuchó la redactora. 

  Ese “Ningún problema” no solo dejó descuadrados a los redactores sino que vieron una ventana abierta a un posible guión. Tenemos algo interesante, pero nos falta la otra parte. Las características de Han estaban archivadas y muy en la memoria de alguien que coincidiese. Una persona muy inteligente con unos gustos muy peculiares, declarado homesexual sin complejos y sin tapujos pero con unos gustos muy definidos sobre según qué tipo de hombres, con barba, con pelo, con barriga, nos llegó a confesar en su presentación, es decir, “muy masculino”. Una persona abierta, enamoradiza, insistente, atrevida y desenfadada a quien le cuesta mucho enfadarse de verdad o tomarse las cosas demasiado mal, que sepa relativizarlo todo. Lo tenemos. Tenemos la otra parte. La llamada no se hizo esperar. El resto, lo dejamos al azar. Puede funcionar o no. No sé si durante la entrevista a Han le pusieron sobre la mesa varias fotografías para que eligiese su perfil ideal y entre ellas estaría una de Aritz, pero es igual, en todo caso. Bingo.

 El primer día y durante las presentaciones ya se vió a Han poniéndo sus ojos sin recato en la figura de Aritz, analizándolo y fijándose en él. Algo le llamó la atención, posiblemente su masculinidad, su seguridad, su tranquilidad, su saber estar, pero como buen observador que es, algo más. Su indefinición. En una situación de esas, es muy fácil que a algún tipo de concursantes sin quererlo se le vayan los ojos hacia los diferentes compañeros o compañeras para “evaluar el patio”. Es muy difícil para nosotros observar eso, pero no para quien está allí dentro. No me extrañaria en ese momento observar a Suso con su mirada disimulada en las figuras de Sofía, de Raquel, de Marta, de Niedziela o de Carolina... por ejemplo, como tampoco me extrañaría observar a Han viendo otros perfiles. ¿Y Aritz?. Han observó algo que le llamó la atención en él. Por ejemplo, desviar la mirada de las chicas, una inseguridad nerviosa que no se correspondía con esa seguridad de presencia que a él le había llamado la atención. Algo no le cuadraba. El resto lo tenemos escrito y reescrito.

 Cuando hablamos de guión, no decimos que tiene que ser precisamente seguir al pie de la letra unas pautas dirigidas desde arriba. Hablamos de ese gancho, ese cebo como el que la organización propuso en su día al meterlos a los dos, podríamos apelar a la casualidad y no equivocarnos, o podríamos apelar a la intencionalidad y tampoco. Claro que todos reciben empujoncitos sibilinos a modo de preguntas o de consejos que nosotros apenas percibimos, pero sí notamos en sus comportamientos. La transformación del programa desde aquel año dos mil con aquel jardín de césped secado y aquella piscina, con aquel mobiliario cutre donde toda la atención mediática hablaba de experimento social la podemos ver incluso en la decoración de la casa, en las tendecias de los decorados o en la iluminación de los directos, como no vamos a verla en los propios concursantes. La simbiosis entre la televisión y los orígenes de la idea es lo que nos hace sospechar sobremanera no de las razones sino de las formas. Son las que nos pierden y nos sumergen directamente en el cubo de la basura más mediática, y eso no es problema del espectador voluntario que puede elegir o no, sino de quienes la producen, muchos de esos espectadores acepta la nueva terminología pero con unas mínimas condiciones que no son respetadas y ahí es donde estalla el conflicto.

  La historia de Han y Aritz no está mal planteada, sino mal ejecutada. No somos niños para saber que personas especiales hoy en día no existen a no ser en el ámbito de lo privado, jamás en lo público y ante cientos de cámaras. Es arriesgado y muy retorcido hacer creer aún en los cuentos infantiles y en el azar de una bella historia de amor en pleno prime time, suena un poco a chamusquina, soy consciente de la necesidad de fantasía en un mundo tan alterado pero a veces a la imaginación habría incluso que ponerle límites cuando se trata de un programa en directo y con personas como reclamo. Hablaba el otro día en un comentario sobre Aritz como una persona normal, esta noche alguien me preguntaba en twiter si se podría pensar en Aritz como en un infiltrado por el programa, claro que no, le contesté, si por infiltrado entendemos meter a un actor que sigue un mero papel.

  No creo que la imaginación llegue tan lejos a pesar de los límites, sí que creo que la idea existe en base a ellos, es decir, son ellos mismos quienes van escribiendo el guión día a día, nosotros, bueno, en realidad, ellos solo adaptan ese guión a las necesidades de producción, y ahí es donde se produce el encontronazo. Los caminos son distintos, de la casa emana una idea que luego es adulterada por necesidades mercantiles. Una contraprestación pura y dura. Si vemos que el producto vende y se mantiene exitoso lo explotamos hasta el límite pero si vemos que no funciona y es rechazado, simplemente lo enviamos al cubo de la basura. Son tramas que aparecen, desaparecen, se mantienen o se diluyen como azucarillo.

 Esta les ha funcionado. Ha sido la joya de su corona. En base a una historia real ha surgido el interés obsceno y abusivo por su explotación a la carta, por eso estamos viviendo en estos últimos dias larguísimas escenas de censura y una cruel manipulación de videos, no quieren que nada se les estropee porque ellos mismos han sido los primeros sorprendidos. La realidad les ha superado todas sus previsiones y han flaqueado en su reacción, han dudado de tal modo que hasta se les ha ido de las manos, de ahí tanto cambio en el argumento, no sabemos si estamos en una final de Gran Hermano o en un nuevo inicio de un nuevo capítulo, si tendremos visitas o tendremos juicios paralelos, si alegatos o contraalegatos, si dar o no dar todas las imágenes, en definitiva, ni ellos mismos saben nada. La casa misma les ha superado.

 Pero el tiempo se agota, y mal que le pese a algunos hay que tomar decisiones, porque en el fondo esto sigue siendo un concurso. Hoy se tiene que marchar uno. Se puede romper la joya de la corona o no y seguir explotándola hasta el final. Ya está todo preparado en base a unos porcentajes incrédulos para tomar la decisión final. O finiquitarla o permanecerle fiel hasta el final. Nos van a volver a contar cuentos infantiles con eso de que lo hemos decidido nosotros y que nosotros somos los que vamos a escribir su final. No solo es retorcida su pretensión sino cobarde, van a explotar hasta sus propias decisiones haciéndonos culpables de lo que suceda, sea para bien o para mal cuando en realidad es que la propia final les ha superado y ha llegado la hora de la verdad. Es lo que tiene nadar en la incongruencia sin soportar sus consecuencias. 

  Si se marcha Han se les habrá roto su juguete preferido y pondrá epílogo a la joya de la corona. Si se va Niedziela apostarán descaradamente por ella sumiendo a la otra finalista, en este caso Sofia, a la peor de sus pesadillas, y con ella a nosotros. Habrán sido fieles a una idea hasta el final, redondeando un guión improvisado a base de impulsos sospechosos. Hay que elegir, Gran Hermano por encima de todo o la cocina de Gran Hermano, solo una parte de Gran Hermano, la que ellos mismos han creado. O el todo o la parte.

 Ni que decir tiene que de todo esto quien menos tiene la culpa son ellos cuatro. Por acción o por omisión, no entiendo de prebendas ni queremos saber de disputas internas, seguramente todo estará más que escrito y esta noche de nuevo volverán a sorprendernos. O eso creerán. Porque el argumento ha sido muy previsible desde el primer momento. Dicen que de los errores se aprende, pero ellos no, están encabezonados en su propio final de nuevo errando el blanco...

La joya de la corona no es Aritz, ni es Han.


16 de diciembre de 2015

VIENTOS DE FINAL

  Saberse finalista en un concurso de supervivencia dentro de una convivencia competitiva de tres meses de duración debe ser lo más bonito que te haya pasado nunca, emocionante hasta morirte y te debería subir la autoestima hasta el infinito sabiendo que si estás ahí es porque la gente, esa gente que no te conoce de nada lo ha decidido así y quiere que sea así. Porque de una manera u otra sí los representas. La competitividad deja rastro en el camino y ver a los compañeros con los que has convivido semana tras semana a través del plasma te recuerda sin remedio toda esa tensión vivida para poder haber llegado hasta allí. Si a todo eso le añades que durante quince días, y ya sabiéndote finalista tienes que seguir compitiendo con quien las circunstancias te lleva a la máxima cercanía y llevando esa mochila de vivencias cargada a las espaldas, entiendo y comprendo absolutamente todo lo que pudiera estar pasando en estos momentos en la casa. Lo bueno y lo peor. Aquí ya no hay caretas que valgan, ni estrategias, ni juegos, están a cuerpo descubierto, indefensos y muy muy vulnerables.

  Para lo bueno y para lo peor. Precisamente es ese momento sensible para ellos el que nosotros aprovechamos para hacer historia de todo lo vivido, para reafirmarnos en nuestros aciertos o en nuestros errores y para eso utilizamos nuestra mejor arma, su propia desnudez. Esa en la que ellos ni siquiera ya le quedan argumentos para defenderse. Intentar buscar a estas alturas la justificación de nuestro propio proceso para defender o atacar sin remisión nos hace casi tan vulnerables como a ellos, nosotros también llevamos nuestra mochila y aunque en otra medida también nos sentimos un poco desnudos. Justificar nuestro apoyo a un concursante de los que queda utilizando este momento que están viviendo para atacar al enemigo ya tiene que tener poderosa enjundia y razón para no quedar desacreditados en nuestra propia intención.

 Acusar en este momento a Sofía por ejemplo de estar aburrida en la casa, o de llorar por un bajón emocional, a Nied de pasarse las horas sin hacer nada o hablar demasiado, a Han de ir a contarle cosas a sus amigas de siempre, o a Aritz de estar todo el día viviendo su historia bajo el edredón, me parece ruín y oportunista. Quien piense eso, desde luego no ha vivido el concurso como merecía o no se ha enterado de nada, pero venir ahora, a estas alturas a hacerse el listo por haber descubierto la pólvora solo merece la máxima reprobación.

 Sabemos que estamos en un momento decisivo y que todas las opiniones suelen herir susceptibilidades, pero no se debería perder la perspectiva de lo que ha sido una convivencia de tres meses. No creo que a raíz de los alegatos de anoche nadie vaya a cambiar su forma de pensar en los concursantes, lo podremos comentar igual que comentamos lo poco o mucho que sucede, sea trascendente para su devenir o no, pero no por inyectarle intensidad a nuestras filias o fobias va a cambiar nada. Ellos ya lo han dado todo y no pueden más. Sería injusto prejuzgar ahora sus comportamientos cuando hemos tenido tiempo más que suficiente. Es cierto que el juego sigue mientras no se llega a la meta, y que cualquier detalle tiene su importancia, más en una fase tan sensible como esta. Actos nimios como quitarle el número de teléfono a un concursante ha hecho perder concursos, pero son casos aislados y más propios de un evidente juego sucio que de los propios comportamientos.

 Tenemos que tener en cuenta otra cosa importante. No solo hay que luchar este año contra todo el concurso que llevamos en la mochila sino que por desgracia también tenemos que luchar contra la irreverencia de una organización que no nos está ayudando en nada, al contrario, sus zancadillas, sus obstáculos y toda la trampa que están haciendo caer sobre el programa es un añadido más a la dificultad que entraña defender a nuestros concursantes, nos lo ponen difícil a nosotros y se lo están poniendo a ellos. A las dificultades naturales que ellos sostienen en el día a día hay que añadirle los despropósitos frecuentes con que cada día nos despertamos por parte de unos guionistas que si bien este año se han lucido, anoche ya lo bordaron. Justificar un progama de cuatro horas de duración con publígrafos absurdos y surrealistas preguntándole a la gente quien te cae mejor o peor es ridículo, pero meterle las llaves de su casa a Sofía o la cartera a Han con dos euros como recuerdo ya raya lo esperpéntico, normal las caras que los pobres iban poniendo al recibir la sorpresa. Y todo eso, después de haberle metido toneladas de información del exterior por activa o por pasiva.

 Encomendarle seguramente los alegatos más importantes de su concurso en su fase más dura y sensible a las personas equivocadas solo puede estar ideado desde una inexplicable mala y retorcida praxis, y que no demuestra sino el adulteramiento de las intenciones. Suso, el enemigo número uno de Niedziela durante el concurso, después de acribillarla a puntazos ayer tuvo que defenderla; Amanda, la superdiva alma gemela de Han alegando por Aritz o Marta la íntima amiga de Sofía defendiendo a Han, mientras tanto, Marina, gran amiga y defensora de Aritz o Vera petición expresa de Nied ni siquiera estaban en plató. Para hacérselo mirar, pero sería igual de absurdo. Normal que las consecuencias de unos alegatos realizados por las personas equivocadas hayan sido de todo menos esperanzadores si exceptuamos el de un sorprendente Ricky hacia Sofía. No sé el papel que en todo esto realizan los psicólogos de la edición o si todo está preparado a conciencia, lo que sí sabemos es su reacción y la de la audiencia, y la conclusión es que fue un verdadero disparate.

Suso alegando a favor de Niedzela y contraalegando contra Aritz, Marta después de hacerle un buen alegato a Han desde el cariño le generó un mar de dudas y Amanda alegando a favor y en contra de Aritz en solo treinta segundos y sin anestesia, normal que los tres terminaran las escuchas de sus defensas totalmente contradictorios y sin saber por donde tomárselo. Lo que demuestra la sensibilidad y la susceptibilidad del momento es que tanto ellos como nosotros primero aplaudiéramos todo para después al mismo tiempo que ellos nos diésemos cuenta del daño que una sola palabra mal interpretada les pudiese ocasionar. No digo que los otros lo hubiesen hecho mejor, pero a lo mejor, se habrían equivocado mejor.

 Queda solo una semana de concurso, y el jueves ya se ha anunciado la visita de algunos concursantes a la casa. Mañana saldrá uno de los cuatro, la impresión que se tiene es que la bipolarización del premio va a estar entre Sofía y el vasco, pero ojo a los dos porcentajes mínimos que de nuevo don birlibirloque está haciendo de las suyas sacándose de la chistera un porcentaje igualado, por tanto de nuevo tendremos la magia que ellos quieran que tengamos entre una Niedziela más querida a medida que pasa el tiempo y un Han en horas bajas para la audiencia pero en efervescente protagonismo para la organización. Aunque la mayoría de las encuestas den como perdedor de este duelo a Han y a una Niedziela en importante ascenso no pondría la mano en el fuego por nadie.

La magia es lo que tiene...


15 de diciembre de 2015

... A LA CARTA


  No ha sido una mala edición, pero sin duda está siendo un lamentable final. No sé la de ases que tendrán guardados en la manga o a qué tipo de magia recurriran esta noche para despertarnos y despertarlos del letargo y la inactividad a que nos están sometiendo. Una final larguísima y carente de emoción, eso ya lo tendrán preparado para el final, que recordemos está haciendo a la gente votar por un periodo de casi tres semanas. Después de escuchar tantos amagos para evitar caer en la inacción en que nos estamos viendo envueltos, la casa sigue sin reaccionar con el daño que eso les está suponiendo a los mismos concursantes que empiezan a dar muestras de agotamiento psicológico. Me temo lo peor. Y es que todo este cruce de Rubicón que está suponiendo desde el jueves pasado con cuatro habitantes en la casa nos esté dejando entrever posibles arreones esporádicos a la desesperada por parte de una organización que se ahoga en la improvisación. Supongo que lo darán todo, como viene siendo habitual, esta noche y en la gala del jueves. No sé lo que tendrán preparado pero me temo lo peor, y no por nosotros que ya tenemos las espaldas bastante anchas en este sentido, sino por ellos. 

  Está claro que la última vuelta de tuerca de la homocarpeta les ha llenado la despensa de contenidos, y más o menos, como viene siendo habitual en estos últimos tres meses tendremos esta noche también sesión especial añadida a la presentación del pasado domingo. Decir que la vida de Sofía y de Nied discurre entre las almohadas y la desesperación, o que la de Han y Aritz, discurre bajo el edredón y el confesionario nos puede dar indicios de por donde puede ir la cosa. No sé si será justo o no, pero retorcido lo es sin duda. No se trata de que nos vayan a presentar a una de las favoritas muerta de asco y vencida por el tedio mientras nos venden al otro favorito con sus encamadas “interesantísimas” y morbosas o sus rompedores confesionarios, es la clara intencionalidad de ir haciendo mella en cualquier tipo de opinión tendenciosa. La televisión es única para ciertas cosas, pero cuando el descaro se hace evidente y se prepara con semejante minuciosidad no puedo sino sentir infinita pena y verdadero asco. Sería mucho más fácil acortarlo todo y quitarse de una vez la careta ante tanto despropósito.

  No hace falta dividir a una audiencia ya dividida de por sí por la propia inercia del concurso, pero darle alas a la injusticia y a la perversidad cuando uno ni siquiera es capaz de programar una final en condiciones medio normales hace que todo se empiece a salir de madre y sigamos desconfiando de muchas cosas con el desgaste que ello supone para el propio formato. Me temo lo peor. No pongo en duda el afán recaudatorio lícito en cualquier negocio privado ni la estrategia elegida por la cadena para sus intereses, lo que pongo en duda son los medios utilizados para tal fin, no se puede jugar a desacreditar a la mitad de tu propia audiencia en favor de la otra mitad sin acusar un alto recibo. Sé que el enfrentamiento genera beneficios, pero también sé que provoca impopularidad y mucho desgaste. Si la decisión se mantiene firme no lo voy a discutir, pero me incitaría a pensar que si a ellos mismos Gran Hermano, los concursantes o su propia audiencia les importa un pimiento el camino elegido ha sido el equivocado y que realmente estamos ante una banda de incompetentes que no hacen sino tirar piedras sobre su propio tejado.

  Si se es capaz de defenestrar a dos concursantes de cuatro con la única intención de sembrar odio y tensión, seguramente el resultado pueda ser espectacular y la rabia e indignación se pudiese traducir en votos, no nos hemos caido de un guindo a estas alturas, pero el nivel seguirá siendo el que es por méritos propios y por una decisión calculada. Seguramente les valdrá para su ranking semanal de share y luego ya veremos. Insisto, pan para hoy y hambre para mañana, jugar con tu propia audiencia o cliente es lo más absurdo, empresarialmente hablando que he conocido jamás. Sin embargo, las sospechas no me incitan a pensar lo contrario. Todo sería mucho más fácil. 

  Tienen unos concursantes maravillosos que han llegado a la final por méritos propios y a quienes se les puede sacar un rendimiento extraordinario si se les tratase con un mínimo de cariño y de respeto, sin embargo se apuesta justo por lo contrario, hasta el último día habrá que exprimir lo peor de ellos para generar el mayor morbo posible y la peor confrontación, y con ello involucrar si es posible a sus propios seguidores, una guerra abierta donde el único ganador siempre sea el mismo. Ayer nos contaba una amigo mexicano, que la audiencia misma ha sido quien ha decidido echar por tierra toda su edición y que harta de manipulaciones decidió tomar cartas en el asunto y rebelarse ante semejantes despropósitos lográndola hacer caer y que la propia productora se tenga que estar planteando en qué año podrán a volver a visionar el programa. No me extrañó nada leerlo, y no sé porqué, me dió un mal presentimiento porque el camino de oscurantismo y provocación que aquí también hemos elegido me invita a pensar en lo peor.

  Estamos justos en la fase final, y todo lo encomendamos a unos vídeos sospechosos y a la opinión de unos colaboradores bajo sospecha. Me entristece sobremanera no poder hacer una crónica normal de algo que pase dentro de la casa y que nos llene, nos entretenga y nos haga mantener la ilusión porque la propia cadena haya decidido que no sea así. Y me jode mucho que incluso mis críticas le sirvan de justificante para creer que llevan la razón. Durante el día, durante la mayor parte de la noche, nada existe, y cuando existe, el ojo de la censura ya se encarga de manejarlo a su antojo y salvaguardarlo para luego servirlo troceado y en bandeja, a la carta, como veremos esta noche seguramente. Y mientras tanto, cuatro maravillosos finalistas y una audiencia fiel, a espensas de sacar todos nuestras armas para goce y disfrute de quien menos se lo merece.