29 de diciembre de 2016

TRES MESES SOBRE EL CIELO

   No voy a entrar en valoraciones con respecto a otras ediciones, este blog se abre anualmente para comentar la edición en curso y aunque el enfoque temático apenas varíe de un año para otro sí querría establecer la edición recién terminada como un punto de inflexión. Un salto cualitativo en lo que ha supuesto un antes y un después dentro de eso que solemos llamar estúpidamente “formato”. Creo que cometemos un grave error al confundir la etimología del concepto, los formatos siempre serán distintos cada año, el origen y pensar en Gran Hermano en pasado es lo que nos conduce a la confusión, se habla del “espíritu” cuando intentamos evocar siempre episodios del pasado, recuerdos, en definitiva otras formas, otros formatos distintos. Sabemos perfectamente o quizás debiéramos saber que ese espíritu siempre nos vendrá dado por ese “alma” que cada año emana de la propia casa independientemente de su disposición televisiva, sus guiones estudiados o sus intereses controlados. No estaríamos aquí hoy hablando de todo esto si el verdadero alma de GH que son sus concursantes hubiesen dispuesto otra actitud con respecto a la propuesta de los responsables del programa. Todo guión que suponga interferir en la vida normal de Gran Hermano siempre debería terminar saltando por los aires.

  Hacía años que no encontraba en algún concursante esa rebeldía de querer dinamitarlo todo y salirse sin miramientos del estricto guión establecido, nos habíamos acostumbrado durante las últimas ediciones a verlos a todos moverse bajo determinadas pautas y aunque es cierto que al final son sus propias circunstancias las que condicionan su comportamiento no es menos cierto que casi todos entran ya con unas ideas predeterminadas y que muy pocos son los que se resisten a renunciar a ellas. En eso esta edición sí que ha tenido algo de especial. Bárbara fue quien fijó ese punto de inflexión y Adara pagó sus consecuencias. Aquí es donde está el salto, en ese manejo de su libertad para saltarse las propias reglas... incluidas las suyas. Es esa libertad de comportamiento la que evocamos cuando nos referimos al espíritu o a los recuerdos del pasado, sin clichés sin guiones sin ideas preconcebidas. Otros entraron con la intención de ser buenos, con la de ser educados, correctos, respetar a los compañeros sobre todo, a la familia... otros para salir enamorados o dueños de su propia vida.

  Mientras se jactaba de una perfecta educación, de compañerismo y de convivencia se actuaba haciendo justo lo contrario, rechazando a aquellos que no fichaban o preferían ir por libres. El choque resultó brutal y las consecuencias desgarradoras. Se ha tenido que poner fin a la edición de la manera más déspota posible, con un debate esclarecedor impuesto que simbolizase lo que se viene a llamar habitualmente como dar un golpe de autoridad y tomando partido por los hipócritas. Muchos seguramente no lo habrán entendido y se les habrá acusado de imbéciles por haber arrastrado la edición hasta la peor de sus pesadillas, sin credibilidad, exhausta y bajo mínimos históricos de impopularidad. No nos engañemos. Se habrá anulado su espíritu pero se ha marcado la pauta, a partir de ahora Gran Hermano pasará a formar parte del proyecto de la cadena como un contenido trimestral más que acompañará al Vip y a Supervivientes en su planning anual, simple y puro relleno.

   Dejó de ser especial. Ya no valen ni las niñas bonitas ni las joyas de la corona, será un contenido más como los informativos, el tiempo o el cuponazo de la once, pura rutina y un elenco más que añadir como cualquier otra opción de formato viceverso. Se valdrán de la marca y poco más, este año se ha dejado claro. Era evidente que al tratarse de un programa histórico y por todo lo que significó para la televisión moderna el foco siempre iba a estar caliente, o se hacía bien o las críticas iban a ser demoledoras. Cuando metes un programa en lista de espera está claro que te importa muy poco, pero esa no es la cuestión, es la filosofía que ha decidido la cadena y como dueña de sus derechos poco hay que matizar. Todos sabemos que T5 se retroalimenta de sus propios programas, de sus personajes y de sus contenidos para facilitar el engranaje de toda su parrilla y GH será usado como tal, ya no vivirá de las rentas ni supondrá ninguna novedad, será simplemente uno más... bajo sus pautas.

   Cuando el concepto evolución está tan presente en la televisión y por supuesto en Gran Hermano no se puede obviar su transcendencia en la decisión tomada. T5 no es una cadena que invierta demasiado en nuevos proyectos o nuevos mercados, no es su objetivo estar a la vanguardia de las nuevas sensibilidades ni ser pionero de nada, su táctica es ultraconservadora y de su sello ha quedado impregnado GH, lo que utilizan como novedades suelen ser malas copias de otros formatos ya bastante anticuados y que suelen vender como primicias, en realidad su único objetivo es conservar el público fiel que con sus años de bonanza tan buenos resultados obtuvo, pero ese público se empieza a hacer mayor y a estar cansado de reposiciones al uso, se hace mayor el público y se hacen mayores sus programas estrella. Su respuesta corporativista está siendo bastante desesperada y en Gran Hermano también. No lo cuidan, es más lo rehusan sin tenerlo en cuenta abusando de una fidelidad que ellos imaginan eterna. El público de GH se ha asentado durante años y ha evolucionado al mismo tiempo que el programa, pero ellos han preferido ignorarlo.

  Se han subido al carro fácil del “fenómeno fans” a la sombra de internet y han bebido de su pócima engañosa quedando seducidos por la patología de sus gritos, su ruido y su comportamiento histérico otorgándole su máxima distinción como “las jefas del negocio”. Otra novedad que como casi todas las que adopta suele ser bastante antigua, nada menos que de mediados del siglo XX cuando la revista norteamericana Seventeen calificó así a este tipo de seguidores que se iniciaron con los mejores cantantes de la época, estas solían ser ridiculizadas mediáticamente como frikis, histéricas o locos, sin embargo internet les ha dotado de un espacio primordial para confluir y para expresar su creatividad dando lugar a un ascenso imparable en cualquier ámbito de su incumbencia, hacer de alguien un ídolo sobre el que fantasear podría llegar a entenderse como un deseo de ser o parecerse, este tipo de comportamiento ya está empezando a ser estudiado por los sociólogos. En GH tenemos nuestras propias “jefas del negocio” llamadas carpeteras, la cadena les suministra sus “particulares” idolos, los fabrica o se los inventa como carnaza para que piquen. Se trata de un fenómeno en el que la gente crece y se aleja conforme adquiere madurez suficiente para dejar de fantasear pero que al mismo tiempo se sostiene manteniendo el flujo, mientras unos desaparecen otros nuevos vuelven a aparecer. Este es el público que T5 ha elegido para Gran Hermano.

  No solo ha sido al público a quien ha descuidado la cadena, las formas la han terminado de perder durante esta edición con las famosas “tres llamadas”. Habían múltiples métodos para enviarnos el mensaje sin embargo ellos eligieron ese a sabiendas de lo que le iba a llover después. Fue una decisión absolutamente radical y que no surge así como así. Las tres llamadas no fue una llamada de atención, ni un mensaje encubierto para que nos tirásemos luego días intentándolo descifrar, fue aquel golpe de autoridad que la cadena quiso teatralizar en el último debate y había conseguido configurar con la proclamación de Bea como ganadora de la edición. El salto al vacío definitivo como punto de inflexión, dejar atrás a un Gran Hermano para empezar otro. A partir de ese preciso momento no solo cambió la edición cambiaron muchas cosas, tantas que entre la confusión que se generó ni siquiera nos dimos cuenta del viraje de dirección, mientras la audiencia se enfrentaba de una forma fratricida intentando averiguar porqué había pasado, tres concursantes tres, seguramente de los peores de la edición eran nombrados finalistas.

  Con solo tres llamadas se le despojó del escudo de ganadora a la favorita dejándola vulnerable, se prescindió de la otra segunda favorita, se finiquitó el veinticuatro horas y prácticamente se anunció el nombre de la nueva ganadora. Se terminó con cualquier resquicio de libertad si quedaba alguno en Gran Hermano asestándole un golpe certero en el corazón mismo del espíritu, copamos las portadas de prácticamente todos las medios del país y nos convertimos en el hazmerreír de todas las televisiones del mundo terminando de perder la poca credibilidad que ya teníamos, y todo eso bajo la chufla supervisión del más inepto de los presentadores mientras alardeaba de estar haciendo historia. Con solo tres llamadas.

  El estigma de la simbología no se terminaba solo con eso, dando por finalizado el concurso de Adara se silenciaba el paso de Bárbara por la casa y se discutía el recuerdo de concursantes como Pepe Herrero, Javi Robles, Arturo Requejo, Argi Gastaka o Dani el Sucio cuya libertad de comportamiento había quedado grabada en la misma esencia del programa. A partir de ahora ya sabemos que en T5 está terminantemente prohibido saltarse sus normas y que aquellos que se atrevan a concursar con libertad y sin miedos nunca serán del agrado de la cadena y quedarán proscritos. Es el precio que hay que pagar por concursar en GH si decides no ser bueno, no estar enamorado, no barrer ni fregar los platos o no ser dueño de tu propia vida, el último debate fue un canto poético a la desesperación por llegar al cielo.

  Y hasta aquí hemos llegado. Yo me bajo en esta estación y después de tres meses sobre el cielo, el nuestro y el vuestro, ahora empezará el Vip y tendremos nuevas experiencias que contar, pero será en otro sitio porque a este le toca descansar. “A cuatro metros sobre GHVIP” es un sitio perfecto para hacerlo. No tengo palabras para agradeceros uno a uno todo el cuidado que habéis tenido con el blog y el cariño que me habéis mostrado. No somos muy famosos pero sí resultones, nadie nos lee nunca pero las visitas nunca dejan de crecer, esta edición solo nos han visitado unas cuatrocientas mil veces y eso que se ha escrito poco. La calidad está en cada uno de vosotros y en vuestras opiniones, insisto en daros las gracias a todos, los que escribís y participáis, los anónimos, los que solo leen o los que nos visitan para saludar, gracias a todos y gracias también a los demás blogs que aún resisten ante la fuerza de Twitter, a Calcetineros, al Gato, al Comentado, a Marulo, HablamosdeTv, Gus, a los minutados, etc. etc. a todos gracias. Y Feliz año a todos.


23 de diciembre de 2016

GANÓ BEA


 Sí, Ganó Bea. Como casi todo el mundo daba por hecho. Lo peor no es eso, es la sensación que se tiene tras ver la gala de anoche de que incluso antes de que esta empezase ya todo estaba preparado para que así fuese. Todo parecía milimétricamente preparado, un guión sin sorpresas y con los vídeos perfectamente medidos, los porcentajes perfectamente dispuestos para ir simultaneándolos con las secuencias que en ese momento nos ofrecían, hasta el presentador parecía anoche mucho más proyectado para no salirse demasiado de lo establecido y por supuesto un plató convenientemente dispuesto. En televisión es difícil dejar mucho para la improvisación. Seguro que se pretendía hacer una gala brillante que dejara un  buen sabor de boca para el final de edición, los contenidos perfectamente estructurados, los tiempos correctamente medidos, nada debiera salir mal.


 Así empezamos la gala aplicándole ese punto emocional que nunca suele fallar, la visita de algunos familiares a los finalistas; por parte de Meri su madre, el padre de Rodrigo y la "yaya" de Bea empezaron por calmar los nervios a aquellos seguidores que en esos momentos suelen estar bastante atacados por la incertidumbre. Creo que no era necesario, nunca en un final donde los únicos protagonistas debieran ser los finalistas se había hecho nada igual, pero esta edición era distinta y la final también debiera serlo. Es esa decisión que se toma sumándose a otras ya tomadas que forman parte del lavado de imagen de una decisión inicial, acercar a los concursantes a la gente y dibujar su lado más sensible y humano. Una decisión sin igual para paliar el error de una final injusta, no son los mejores pero también tienen muchas cosas buenas y eso también había que verlo, si no se puede ganar a la audiencia mediante la lógica qué mejor que hacerlo con el corazón. Buen intento salvo por una pequeña pega, esto es Gran Hermano y ambas siempre suelen ir de la mano.

 Son detalles pequeños que solo intentan disfrazar la realidad, mientras le otorgamos el protagonismo de la gala a los familiares, al propio presentador con sus  sectarios  y parciales comentarios y a la reacción humana de los concursantes que tras tres meses de encierro por fin pueden abrazar a sus seres queridos no nos estamos acordando del porqué han llegado hasta allí. Dice el guión que hay que mostrar los porcentajes tras una primera parte donde se percibe de forma escandalosa el sectarismo intransigente hacia Meri, estaba claro cual iba a ser su sitio en la final y nada mejor para justificarlo que apelar a la nada despreciable opinión del propio presentador, anoche mucho más cínico e hipócrita que nunca,  y a la primera tanda de unos videos editados a conciencia donde resaltar lo peor de ella, su vaguería, su incultura o su nula labor colaborativa, eso sí no hubo vídeo de Meri que no fuese acompañado con las caras de sorpresa de sus oponentes o sus comentarios realzando su mala praxis mientras ellos fregaban los platos y ponían cara de no poder creerlo. Un poco tendencioso sí que fue, ¿no?. Pero era igual, la gala discurría por donde tenía que discurrir, síntoma del buen hacer fue esa secuencia donde Bea le sugiere a Meri que porqué gritaba tanto, Bea, poniendo cara de circunstancias como diciendo, no hay nada que hacer contigo...

 Y eso parecía ser el repaso de lo que había sido una campaña antiMeri brutal de la cadena que afianzara a la pareja como verdadera triunfadora de la fase final, el desprestigio de su oponente que justificara la victoria de Bea. No se pudo caer más bajo ni hacer más el ridículo llamándonos de nuevo idiotas a todos los que sabemos de qué va esto. Todo estaba funcionando a la perfección, sin salirse ni un ápice de lo previsto, los porcentajes apenas habían variado desde el domingo, los vídeos antiMeri seguían haciendo su función de desgaste y mientras tanto Rodrigo a la calle como era de esperar. Todo tenía que ser cosa de dos, de Meri la mala y de Bea la buena. 

  La resolución no se hizo esperar, mientras Rodrigo bajaba para plató los porcentajes subían a favor de Bea, ayer no tocaba sorpasso había que ganar con contundencia y después del visionado radical que sufrimos contra Meri que mejor manera de hacerlo que aprovechar al mismo tiempo el paso por la casa de Rodri para volver a estigmatizarla y pulir la actuación de su pareja, el  verdadero leitmotiv de su concurso. En este punto debería hablar de su entrevista pero a esas alturas el presentador ya daba muestras de ninguneo absoluto a lo que hace y lo único que le interesaba era saber si su madre le daría permiso para una vez fuera de la casa se podría por fin "tirar a Bea". Ese era su nivel anoche. Un intento de ir preparando el terreno para el final pero Pol no le entró al trapo y le felicitó sin más.

 Y llegó el gran momento tras veinte minutos de espera cronometrada que resaltara la contundencia de su victoria. Por fin se anunció el nombre de la ganadora, un momento sin emoción ninguna y demasiado previsible, frialdad, indiferencia, sensaciones raras para un histórico momento, "ya se sabía..." "estaba cantado..." me pitaban los oídos anoche en ese preciso momento, a mí y a cientos más. Pobre deducción para un momento tan mágico y de tantísimos buenos recuerdos. Un paseo por la casa de forma un poco precipitada, algo empezaba a apresurar la gala, seguramente el presentador se ha debido salir de tiesto y la conducción del tiempo empezaba a chirriar. Otra nueva entrevista a Meri sin pena ni gloria y van... Y llega Bea tras los acordes de un Bisbal cariacontecido que no entendía nada hasta que cayeron en él, el público ya arropaba a la ganadora y le hacía entrar triunfal. Fernando y Clara lloraban de alegría, no porque hubiese ganado Bea, ni porque hubiesen ganado ellos, sino porque había triunfado su tesis de que ni Adara ni Bárbara podrían ganar y eso es mucho más que un triunfo.

 Abrazos y besos, y mientras tanto una frase que llega al oido de la ganadora de parte de algún familiar "los reventados que revienten, Adara es una hija de puta". Ahí se cerró el capítulo del cuento. Lo que vimos a partir de ese momento fue el calco de lo que había sido la edición, no nos engañemos. La entrevista a la ganadora sacó lo peor de ella, lo peor del presentador en su "habitual" enfrentamiento con alguien, en este caso con Clara y donde volvió a dejarse todas sus costuras por los suelos y lo peor de Adara. Un sinsentido de punto final que tuvo como colofón la declaración oportunista de la ganadora de hacer valer su enorme corazón donando su parte del premio a los niños con cáncer y a ayudar a Alain a abrir su negocio, esas cosas que cuando se hacen pero no se dicen adquieren muchísimo más valor que cuando alardeas de ellas para que la gente te aplauda.

 Al igual que dije de los finalistas digo de la gala final. Todo en su parte proporcional, una edición es lo que son sus finalistas y unos finalistas son lo que es su final, una ganadora es lo que es su gala final. Una gala sin emoción alguna, con mucho más ruido que nueces y bastante bastante impostura, sin chispa, con polémica y con muchas, muchísimas dudas que se han quedado por el camino. Felicidades a Bea y Felices Fiestas a todos.


22 de diciembre de 2016

BEA, MERI, RODRI

   Entretenimiento, emoción, diversión, algo para recordar, algún momento inolvidable, carisma, valentía, cualquier cosa con la que podamos sentirnos identificados, empatía... No encuentro mérito alguno en ninguno de los tres finalistas de esta edición. Se va a generar un precedente peligroso y es el mensaje que se va a transmitir de que cualquiera puede ser ganador. Eso para un programa con el prestigio y la historia de Gran Hermano significaría un importante paso atrás. Hace años que el formato dejó de ser un experimento sociológico, ni siquiera un pequeño espejo donde se podría ver reflejada la juventud española, pero otorgar un premio de trescientos mil euros en un concurso de telerealidad a cualquiera de los tres perfiles que representan al programa tendría que hacer reflexionar muy mucho a todo el mundo si nos atenemos fríamente a los méritos contraídos para lograr semejante recompensa.

   No estamos hablando de un viaje de una semana al Caribe ni de un coche o un apartamento estamos hablando de trescientos mil euros dentro de la realidad social que vive el país. Supongo que cuando hablamos de premio o recompensa estamos refiriéndonos a esa compensación que se le otorga a alguien, en este caso ganador, en agradecimiento o reconocimiento a un esfuerzo realizado, hay otros que solo dependen de la suerte pero creo que no es el caso; es decir una especie de contraprestación, te doy un premio a cambio de algo que tú me has dado, a nosotros la audiencia se supone. Nos han entretenido, nos han hecho vibrar de emoción, gracias a ellos nos hemos divertido, han dejado huella, han demostrado ser valientes, han sufrido mucho con el esfuerzo, nos han mostrado unos valores dignos de admirar. Qué...

   Seguramente Rodrigo le ha enseñado mucho a Bea y le ha demostrado algunas cosas, posiblemente Rodrigo haya aprendido mucho de ella, Meritxell lo mismo ha crecido un poco y ha aprendido a convivir un poco mejor, pero... ¿qué han aportado a Gran Hermano? Es decir, al programa, a nosotros, a la televisión, incluso si me animo a sus propios compañeros de concurso... ¿Acaso han convivido mejor? ¿Con quién?. Volvemos atrás, seguramente Bea y Rodrigo han convivido muy bien, ¿Rodrigo con Adara? ¿Bea con Bárbara? ¿Con Pol? ¿Meritxell con Fernando? ¿De verdad se está otorgando un premio de trescientos mil euros a la buena convivencia de los tres finalistas?

  Seguramente Bea sea una excepcional ganadora de Rodri, y Rodri un excelente ganador de Bea, Meritxell podría ser una extraordinaria ganadora de su propia experiencia, de lo que ha vivido y aprendido, son sus ganadores, ¿son los nuestros? ¿qué nos han dado a cambio?. Nada. Todo se lo han repartido entre ellos. Debiera ser injusto en un concurso otorgar un premio tan suculento a cambio de nada. Porque no nos engañemos, tanto Bea como Rodri no han competido, ni siquiera han convivido, se han dedicado a explotar su relación para ellos mismos creídos de que así nos beneficiábamos nosotros. Craso error. No nos han divertido, ni siquiera nos han emocionado, no nos hemos sentido identificados con ellos como pareja desde el mismo momento en que ni ellos mismos creían en su propia relación.

  Nos han engañado. Han vendido una relación mercantilizada para mantenerse en el concurso, la prueba es que Bea le ha dicho a Rodri por primera vez que creía que se estaba enamorando solo dos días antes de la final, pero es que éste ni siquiera le contestó aparte de que siempre lo negó. Pero no solo ha sido la debilidad de una relación engañosa, ha sido la propia actitud de ambos como pareja la que nos ha hecho mostrar su peor cara, como concursantes y como personas. No es de recibo que en pleno siglo XXI una mujer pueda proyectarse bajo el sometimiento de las directrices del que se supone es tu propia pareja, no chilles, no digas esto, no hagas aquello, cámbiate el pelo, cuida tus modales, no te pongas esto, esto no me gusta... y ella tan feliz. Estar en plena fase evolutiva lo llaman ahora.

   Porque claro el señorito ha de regirse por sus propios modales y su propia educación exquisita, un chico con dos carreras y tres idiomas jamás de los jamases se enrollaría con una choni de polígono, quién se lo iba a decir, eso en la calle no le hubiese pasado, vamos ni soñándolo. De hecho usaron el principio de su relación como un juego donde esconderse para que nadie se enterara, un juego perverso donde la vergüenza y el rechazo, el miedo a bajar de golpe tu status quizás tuvo más que ver que la propia bromita de no ser descubiertos, convertirlo en morbo... lo que tú quieras pero que nadie nos vea... Eso sin contar las innumerables clases de protocolo por si acaso algún día tuviesen que comer con mamá... De clasismo, machismo u oportunismo si acaso lo redefinimos y lo llamamos evolución, Bea con Rodrigo al lado por supuesto que “progresa adecuadamente”, y ambos como pareja son todo un ejemplo a seguir... por eso los premiamos.

   Bea, la choni pobrecita encumbrada hasta los altares por dejarse someter miserablemente para no enfadar a su pareja y que todo se vaya al traste. Por supuesto que hay que premiar ciertas actitudes, para eso estamos en la cadena hipócrita de los doce meses doce causas y del “hamor” sincero y verdadero en libertad. Ella ya no grita, no dice tacos, no se pelea, da buenos consejos y todo en ella es amor y alegría, eso sin contar el milagro Bea de como convertir los panes y los peces en un pijo Salamanca más humilde y normal. El perfil ideal de la cadena...

  Y es que este año me pierdo con esto de los valores que se les intentan adjudicar a esta pareja de impostores emocionales, dejando de lado las actitudes individuales se nos intenta vender la moto de la buena educación, el compañerismo y el buen rollo que por lo visto han de enarbolar, no voy a caer en la trampa del juego de la ropa interior de Meri o la sal de Bárbara, pero si en el mantra que ellos siempre repiten de “que han sido auténticos y han sido ellos mismos”. Por si no lo saben eso es una frase que viene en el manual del GH en el capítulo uno y añado “lo has de repetir cienes y cienes de veces para que la gente se lo crea, y así tú mismo te lo terminarás creyendo también”. No existe frase peor explotada y que mejor “contradefine” a un concursante que esa. Ya lo del compañerismo y la implicación en el concurso si eso se lo dejamos a los guionistas para que lo adapten a, por lo visto, las nuevas normas, ellos se encargarán de hacerlo visible a su medida.

  El compañerismo de Bea es para estudiarlo en los anales de GH, una concursante que ha sido “amiga de sus amigos”, de todos y cada uno de ellos sin excepción, incluidos sus propios enemigos. O lo que es lo mismo, no ha sido amiga realmente de nadie, salvo su pacto explícito con Rodrigo. Ni Clara, ni Noe, ni Miguel ni nadie de quien se le llenaba la boca podrían decir lo mismo, un compañerismo a la carta... o es que ya nadie recuerda la bronca que le echó Clara por estar departiendo con Adara, de quien declaró ser una persona a la que tenía aprecio al mismo tiempo que la ponía en la picota cada dos por tres, creo que Bea el concepto de lo que es ser compañero lo tiene un poco desconfigurado, ni está ni se le espera. Ha veleteado como no recordaba a ningún concursante en las diecisiete ediciones, excepto Pulpillo por mera estrategia o Toscano que utilizó el mismo palo que ella.

   Si lo de Bea es para nota, lo de Rodri y su sentido de la amistad es para matrícula, muy majo él, muy correcto sin decir una palabra más fuerte que otra, pero cuando alguno o alguna de quienes decían ser sus amigos o él los consideraba, necesitaban de alguien que les apoyase en cualquier cosa, se desdibujaba y desaparecía como por magia, “no me van los malos rollos...”. Toma, ni a nadie creo. No creo que estos surjan por arte de magia como se ha tirado todo el concurso insinuando, que salían de debajo de las piedras de forma natural. Porque si de él hubiese dependido la edición se habría basado en dormir hacer gimnasia y jugar a la botella. Eso si, cuando había que nominar, esa supuesta amistad se amplificaba hasta el infinito...

 Rodri ha sido el Pilatos de la edición, lavarse las manos ha sido lo suyo, implicación nula con nada que no sea como se estará viendo fuera su relación con Bea. No hay concursante más patético que aquel que intenta ir de gracioso sin serlo, y es que además te está diciendo que él es “divertido” en todo el morro con una seriedad que asusta. Si tuviese que definir a este concursante como antiGH se lo achacaría a un concepto básico e imperdonable, “cobardía”, justo aquello que la mayoría de seguidores siempre hemos rechazado de plano. Para Bea, el más apropiado sería “infidelidad”, otra de las cosas que siempre aborrecimos a lo largo de esta historia.

  Con Meritxell estamos premiando la constancia a una obsesión. Todos sabemos que la fortuna en la sala de expulsiones siempre la ha sonreído por los compañeros que ha tenido al lado, pero al margen del escaparate cultural y de sospechoso comportamiento que se nos está vendiendo en estas últimas semanas cuando ya la dirección ha decidido a quien desestimar, incluso se han aumentado las imágenes donde Meri casi nos aparecía como una loca de atar, su paso por el concurso ha sido el retrato de una obsesión, sus idas y venidas, subidas y bajadas siempre en torno a un mismo principio, su obsesión con Alain. No ha existido más historia. Creo que Meri ha sido un error de casting donde el responsable de turno se creyó aquello de la pantera guau y que iba toda dispuesta a sacar sus uñas, para lo suyo les venía bien y entraba dentro del perfil. Ahora, para lo suyo también le viene bien y en ella han visto la excusa perfecta para hacer y deshacer a su antojo con el futuro ganador.

  No es de recibo la injusticia que está soportando por parte de una pareja que la ha abandonado a su suerte dejándola de lado cuando solo quedan tres en la casa y del ninguneo al que la organización la está sometiendo, la han tomado más o menos casi como a la tonta del pueblo, antagonista clave para poder afianzar el perfil que nos quieren vender de los otros dos concursantes perfectos. Si GH fuese un programa justo la sorpresa vendría dada por su lado para poder romper de una vez por todas con absolutamente todos los tópicos y esquemas. Pero intuyo que no será el caso, a Meri la han terminado de convertir en la tonta útil que haga brillar aún más a “los elegidos”. Su concurso ha sido nefasto, pero no menos que el de sus compañeros de final. Son tres los elegidos para un final surrealista donde la pura esencia va a brillar por su ausencia. Si apelásemos a ella, seguramente Meritxell tendría muchas más opciones, pero los tiempos cambian y como en el país, solo triunfan aquellos que se encargan de inflar la burbuja y viven y medran con la especulación. Unos impostores del formato que han hecho de su concurso una auténtica mentira.


21 de diciembre de 2016

PENÚLTIMO DIA


  Está interesante el debate. No ya por pretender que gane tu favorita o favorito si lo tienes que ya es meritorio, eso en realidad no es difícil, has tenido buen ojo y has acertado, felicidades. Supongo que el concurso para esas personas habrá sido más llevadero y divertido. Además, es lo que suele suceder cuando hay una final y tres concursantes se disputan el premio, te sientes como un privilegiado si uno de ellos está entre los elegidos. Luego están los seguidores de quienes los tres finalistas no estaban entre sus favoritos para ganar, aquí la gente se divide y opta por alguna opción quizás por descarte por alguna razón, por proximidad a la que fue su favorita o por mero rechazo hacia los otros dos, razones de lo más variadas pero no menos legítimas, a fin y al cabo aunque no se participe activamente y se diga que da igual gane quien gane, aquí sigues.

  Siempre hay preferencias aunque sean con razones que a veces ni nosotros mismos entendemos. Será la inercia del propio Gran Hermano la que te invite a posicionarte de alguna u otra manera aunque no lo vivas con la misma intensidad, podría formar parte también de esa liturgia desconocida que nos encadena al programa a pesar de las críticas, de los chanchullos y de la mala praxis que cada año nos envuelve. Es como una droga de la que no podemos deshacernos, sabemos que es mala pero ahí seguimos. ¿Porqué? Quién lo sabe. Formará parte también de nuestras contradicciones. Y seguimos hasta el final, quizás con curiosidad quizás con esa mínima chispa indefinible que nos mantiene atados hasta que se apaguen las luces. Pensar que somos como las plantas y que asistiremos a la final sin sentir ni padecer no me lo creo demasiado, la propia naturaleza de lo que es GH nos lo impide, ya sea por simpatía o por antipatía, siempre hay grados y niveles y a lo mejor una pizca de estas nos hace al menos sonreir o lamentarnos un poco más de lo normal cuando escuchemos el nombre del ganador.

   Pero eso será mañana. Hoy toca preguntarnos que es lo que nos hace leer toda esa literatura que antecede a una final y asentir o rechazar todos y cada uno de los argumentos con que nos topamos por cada sitio donde vamos, enganche, morbo o sencillamente curiosidad. No sé el tipo de droga que será, pero a veces hace que incluso nos sorprendamos al leer nuestra propia opinión, no es ya el tirón o no de los propios concursantes, es incluso de sus propios seguidores lo que nos hace saltar para contrarrestar algo en lo que no estás de acuerdo. Inexplicable, se supone para quienes no tienen interés alguno en los tres finalistas. Es Gran Hermano. Algo que muchos de los responsables que hacen el programa jamás y por muchos años que pasen podrán entender.

  Huelga a estas alturas polemizar más de lo que ya se ha escrito en una edición que siempre defendí nació maldita desde el minuto uno y terminará así. Por el ganador, por el desarrollo, por el casting o por la forma de enfocarla, creo que no es el momento de volver a repetir aquello que se ha dicho hasta la saciedad, en ellos está el guante con que cogerlo, las dudas permanecerán ahí nos pongamos como nos pongamos, seguramente haremos historia en esta edición al ser ganadora una concursante que ya había sido expulsada por la propia audiencia gracias al retorcimiento de unas normas oscuras que incluso se han saltado sin ninguna impunidad pasando de la caja intransferible a la libertad del poder sin despeinarse, con premeditación y alevosía, pero solo es un ejemplo del devenir del destino, habría otros peores que han permitido la divergencia entre concursantes semanalmente nominados y concursantes nunca nominados sin atender a unas mínimas normas de equidad y equilibrio.

   Gran Hermano nunca es justo, es cierto, pero si desde arriba propones y alientas ya de antemano la injusticia en el concurso es normal que llegados al punto en el que estamos sientas en tus propias carnes la desafección que existe por la final y la poca emoción que se vive, es normal que mucha gente apenas se sienta identificada con un evento de estas características. Somos conscientes que están intentando paliarlo con algunas medidas especiales intentando darle notoriedad a algo que no lo tiene, los parches son solo eso, las dos semanas de casa que el espectador está tragando, la paranoia misma de los concursantes que quedan que ya están al límite de sus fuerzas o el desencanto generalizado por el programa pesan como una losa ante cualquier atisbo de enmienda intentando vender esto como un acontecimiento sin igual.

 Seguramente mañana hablaremos de los finalistas en homenaje a su último día en la casa, la casa agoniza de actualidad, las cartas están echadas y solo falta levantarlas, los porcentajes de diez puntos en otras ocasiones habrían servido de estímulo sin embargo percibo una parálisis de desconfianza que tiene bloqueada a una mayoría de la audiencia, un mínimo movimiento de los más aguerridos fans de los finalistas en que solo destaca un ruido bastante lejano. Me hace gracia un poco en estos días las diferentes valoraciones que se puedan hacer de lo vivido en esta edición, buena para unos, pésima para otros y es curioso, que aquellos que la destaquen enseguida pasen a relatar el lado malo y aquellos que se han sentido defraudados aún consigan sacarle petróleo a lo bueno que siempre ha tenido el formato y no se pueden desenganchar. Es Gran Hermano y para gustos los colores. Esta edición ha sido bastante gris, no hay más que ver la final, y una reflexión que a lo mejor a alguien le puede hasta venir bien, las finales miden siempre la temperatura de la edición... Son su consecuencia lógica.


20 de diciembre de 2016

PERSONAS & PERSONAJES



   Siempre he intentado huir de los tópicos y en esta edición no seré yo quien se suba al carro del cuento mencionado ayer. No es porque no crea en ellos, es que para ser creíble ha de tener un mínimo de coherencia aunque sea literaria, que te envuelva de tal manera que en algún momento llegues a pensar que puede ser real, o que puede suceder. Por desgracia en esto de Gran Hermano y tras diecisiete ediciones quién más y quien menos ya nació sabiendo latín, y si el relato lo trasladamos desde la ficción a la casa hay un momento en que todo se queda enganchado, no sabes si el cuento lo hacen las personas que habitan en la casa o los propios personajes que en él intervienen. Está claro que una persona es aquella que existe, esa que vemos tal cual con sus gustos, sus intimidades o sus sentimientos, el personaje es aquel que tú mismo te creas, aquel que quieres que los demás vean. A medio camino se produce la farsa, una obra de teatro que satiriza aquellos aspectos ridículos y grotescos de tu propio comportamiento.

  De los tres finalistas quien no me genera ninguna duda es Meritxell. La sigo viendo tan ridícula como el primer día, tan niñata e insegura como siempre, tan patética como se nos quiere mostrar en todos los programas, eso sin ni siquiera recordar lo que ha sido su esperpéntico concurso durante estos tres meses. La veo así, tal y como la veía hace dos meses y medio con aquel fatídico punto a Fernando, no ha variado ni un ápice su comportamiento ni en los momentos más surrealistas de su relación con Alain. Podría estar equivocado pero me atrevería a apuntar que definitivamente ella es que es así. Tal cual.

  No podría decir lo mismo de los otros dos finalistas. La pareja del siglo para Gran Hermano. Y aquí paro en este punto para dejar a un lado mis propias aseveraciones. Lo llevan diciendo ellos mismos a lo largo de todo el concurso. No son los mismos que entraron al concurso. Según Bea, ella misma ha cambiado, Rodrigo la ha remodelado según ella misma para bien. Según él, el Rodri que entró en la casa se ha dejado por el camino una cantidad ingente de prejuicios que le han hecho madurar y ver las cosas desde otro punto de vista que ni él mismo se lo podría creer, según la justificación oficial que nos van a vender cuando tengan que darle el premio, ambos han evolucionado de tal manera que se han hecho merecedores de tal recompensa por el mérito demostrado.

   Y entre medias, una carpeta y un premio semanal. No estar nominado o incluso llegar lo más lejos posible en el concurso. Aquí dejamos a un lado a las personas y a los personajes y mostramos una actitud, la de ser más o menos tonto. Si efectivamente sabes por la experiencia que eso siempre es así lo más normal es que actúes así como evidentemente han hecho ellos y no ha hecho sin embargo Meritxell que salía una semana sí y otra también nominada la pobre. ¿Estamos diciendo que al conservar su comportamiento inicial Meritxell y no cambiar su actitud ha sido tonta? Evidentemente ha sido tonta. Por el contrario, los otros dos han dejado de ser ellos mismos y han modificado su comportamiento en aras de conseguir algún tipo de recompensa, no salir nominados o llegar hasta el final. Han sido listos.

  La diferencia entre una tonta y dos listos ha estado en las nominaciones, ya que una salía prácticamente todas las semanas y los otros no, sin embargo los tres han llegado a la fase final, una como tonta los otros como listos. Una siendo ella misma, los otros habiéndose modelado. Quién me genera más dudas, evidentemente ellos. No sé cual es el Rodri o la Bea auténticos que se va a llevar el premio, si los que entraron con todos sus complejos y sus extravagancias o los que salen hechos un pincel disfrazados de príncipes y princesas. Repito, quien no me genera ninguna es la tonta de Meritxell. Y aquí le damos otra patada al cuento y nos fiamos o de las personas o de los personajes.
O como tú eres o como quieres que te vean.

 Supongo que la propia moraleja del cuento tendríamos que buscarla en nuestra propia contradicción sobre qué es lo que queremos, lo que buscamos o lo que esperamos de un concurso de telerealidad como es Gran Hermano. Si que sean personas auténticas o unos personajes al uso que utilicen su propia mentira para conseguir su propio objetivo, supongo que al ser un concurso la mentira misma está más que justificada, ser listo denota cierta dosis de inteligencia si sabes utilizarla y te podría acarrear éxitos en el concurso, es el caso de Bea y Rodrigo a quién nadie podrá discutirle su estrategia como arma para conseguir su verdadero propósito. De nosotros el jurado depende. O si por el contrario apelamos a aquello tan manido con lo que cada año se nos llena la boca y jamás nos cansamos de escribir de que preferimos la autenticidad y la naturalidad, que sean ellos mismos, que no nos engañen y se muestren tal cual son. Personas ante personajes. Y aquí, habrá quien llegue y me discuta aquello de que eso mismo puede suceder en las personas de forma natural, el poder cambiar. Si. Pero te genera dudas. Si es por un simple proceso natural o es por una intencionalidad manifiesta. En esta edición, creo que no hay dudas. Ya es cuestión de creer o no en el cuento.


19 de diciembre de 2016

LOS NIÑOS DEL CUENTO


   Todo parece dispuesto para ese final feliz que ha predispuesto T5 para esta edición, la pobre chica de barrio que nadie apuesta un duro por ella, se apunta a un concurso de televisión y gana contra todo pronóstico. Y es que la cadena ahora se ha puesto manos a la obra para lavar la pésima imagen que año tras año ha ido cimentando alrededor de su concurso más valioso. Para ello nada mejor que romper todos los nuevos esquemas y recurrir al más viejo de los cuentos. Ha encontrado en Bea a su cenicienta particular, en Rodri a su encantador príncipe y hasta en Meritxell a una de las malvadas hermanastras. Los tres protagonistas de su cuento.

  Había que ajustar todo el concurso a un argumento fiable ya que de lo contrario todo el mundo desconfiaría. Son muchas las críticas que han rodeado a la edición como para justificar un final medio fiable que contentase al menos a alguna parte. Ante la imposibilidad de lograrlo, lo han intentado todo, han decidido tirar por la calle del medio, cerrar los ojos y seguir hacia delante. Ya se advirtió casi al principio que esta había sido una edición pensada para las carpetas, el casting fue demasiado elocuente indicándonos cual era el objetivo, se ha hablado de guiones escritos y de argumentarios previsibles, la propia casa se rebeló antes de lo previsto porque algunas carpetas no cuajaron, Adara rompió con Rodri, Pablo expulsado a las primeras de cambio, Fernando había ocultado su relación, Alain no estaba mucho por la labor y a Candelas se le fundieron muy pronto los plomos.

  De repente surge como del cielo la más inesperada de todas, la de Bea, la choni más choni con Rodrigo, el pijo más pijo. Algo que nadie esperaba. Había que retroceder de nuevo y contemplar el nuevo escenario. Con quince concursantes en la casa y la audiencia de uñas contra el carpeteo y temerosa que se repitiera de nuevo la misma historia de todos los años, se fueron estimulando otros frentes que no hiciese del concurso un remix de las anteriores, surgieron las broncas y los frentes. La casa estalló y se les acabó yendo de las manos, se volvió incontrolable hasta tal punto que la propia Bea resultó expulsada con un amplio margen de votos.

   Nadie podía parar aquello. El odio se fue extendiendo hacia fuera y la polarización se fue afianzando de manera que uno de los grupos, de manera sorprendente el mayoritario comenzaba a ver disfilar uno a uno a sus protagonistas mientras el minoritario se hacía dueño y señor del control de la situación. La superioridad empezaba a ser preocupante y el destino parecía que estaba ya totalmente escrito, había que amortiguar un poco el impacto de lo que estaba sucediendo, se creó una polémica con el abandono de Bárbara y se inventaron las tres famosas llamadas para restarle credibilidad al poder minoritario, poco a poco se intenta equilibrar la casa volviendo a otorgar poder a la única carpeta existente para desviar la atención, es tiempo de la hora sin cámaras y cambio de roles, un grupo ya está sin líderes y el otro se mantiene intacto con la incorporación de Meritxell a la causa de Adara.

  Aún así, todo permanece igual. El final parece demasiado previsible, ni la repesca ni la incorporación de Simona pudieron contener la hemorragia que sufría el gran grupo. Había que romper drásticamente, amputar directamente por su eje, Adara a la calle. Aumentamos los decibelios sobre Meritxel en su relación con Alain y sobre Rodri con Bea, y volvemos al principio, no es lo más popular, pero nos da cierto margen. Había que escribir algo distinto y que al mismo pareciese creible, Alain no puede soportar mucho y no ayuda por tanto había que centralizar el foco. Y aquí empieza a escribirse el cuento.

   La chica del pelo raro y la risa estridente, la pequeña Bea que se ha criado con su abuela y que tiene a su madre trabajando lejos para poder sacarlos adelante, la choni de polígono que a pesar de sus dificultades se hizo peluquera y barbera cuya máxima aspiración era parecerse a Ylenia, la chica de Gandía Shore. La pobre Bea que se ha enamorado del pijo de la casa, aquel que iba destinado para la carpeta oficial con Adara, aquel chico de bien que jamás se enrollaría con una choni como ella, que por su posición, su educación y su nivel estaría destinado para empresas mayores cae en sus redes y acepta barco como animal de compañía. Sabemos que no llegarán a ningún lado, no lo digo yo, lo dicen ellos, pero para el caso les vale. Habrá algo más raro, según el guión no, será un bombazo. Los polos opuestos se atraen y la pobre Bea por fin encontró a su príncipe, aquel que la refinaría y le haría subir dos peldaños de golpe en su vida, le enseñó a pedir perdón, le ayudó a cultivar su vocabulario, a contener sus impulsos y a mantenerse al margen, a cambio ella le proporcionaría su idilio, la hora sin cámaras y las cotas de protagonismo necesarias para que se hablara de él.

  La operación ya está en marcha. Cuidamos los detalles y amplificamos su historia en las galas y los debates, hay que parecer real y destapamos alguna historieta de celos y confusiones, algunos enfados con perdón de ella incluido para que se vaya viendo su progresión, jugamos con el beso para montar una trama juguetona y abrimos el melón de Noe para que todo parezca más seguro, la unión es inequívoca, va hacia delante contra viento y marea y anunciamos la pedida de mano de manera pública juntando a las madres en la noche de los familiares, invitamos a los amigos y a las amigas y certificamos la relación. Esto ya no hay quien lo pare. Lo imposible acaba de suceder en GH.

  A Rodrigo hay que bajarlo a la tierra en la misma proporción que a Bea hay que cuidarla y mantenerla exquisita, engordar su lado humano, la Bea que escucha y aconseja a Meri, la que promete una y otra vez que va a cambiar y que se tiene que contener, viajamos con Rodri a otra dimensión, el pijo que ha pasado penurias que un día le regalaron para reyes apenas unos zapatos, el pobre Rodri que lo pasó fatal y cuya familia no tenía ni para pagar la luz, que sufrió con la separación de sus padres, el príncipe que surgió del frio. Ya parece otra historia, no están tan alejados, son más parecidos de lo que intuíamos, en realidad son dos chicos normales como en toda historia tiene que ser. Lo del pijo y la choni quedó atrás, ha triunfado el amor en Gran Hermano por fin. La cenicienta Bea y su príncipe Rodrigo. Los toques de convencimiento se narran en cada gala, en cada debate, en las redes, el protagonismo de las madres, de los amigos, los vídeos que nos hacen recordar cada quince minutos la bonita historia.

  Y luego está la hermanastra. La descuidada y pesada Meri que no les llega a la suela de sus zapatos, la aguantavelas oficial que heredó el victimismo de su compañera Adara, se redoblan los mensajes: “pobre Meri...” “me voy yo, me voy yo...” “si es que soy patética...”. Se amplifican los vídeos con sus “tontadas” de adolescente y se confrontan con los de la historia de amor, el resultado es patético en contra de Meri, la distancia y las razones son insalvables y como en todo cuento se necesita de un final feliz. Al tercer beso resucitó... serán felices y se comerán hasta la última de las perdices.


16 de diciembre de 2016

LA SEMIFINAL DE LOS JUICIOS PARALELOS


   Acercar posturas, limar asperezas, rendir cuentas... son los tópicos que suele utilizar la organización de GH para este tipo de eventos anunciados. Nunca han funcionado. Y en T5 con la manera que tienen de hacer las cosas, mucho menos. Ya lo hace cada concursante durante los tres meses de concurso, lo hacen una vez que son nominados con los típicos “alegatos”, “contraalegatos” y “recontraalegatos”, lo hacen a veces en la misma sala de expulsión, lo hacen cuando son expulsados, con el presentador, con el plató y con la misma audiencia, lo vuelven a hacer en cada debate con los que dicen llamarse colaboradores, y ahora, últimamente ya le volvemos a dedicar hasta una gala entera por si algo no se había quedado claro.

  Una bonita forma hipócrita de decir, “bueno, no tenemos ni idea de lo que hacer... y como el morbo vende, pues hala, dale al play”. Y volvemos a repetir lo que ya hemos visto hasta el agotamiento. ¿Cuántas veces han de rendir cuentas los concursantes que ya han salido de la casa y que ya prácticamente no interesan a nadie?. Bueno, pues en Tele5, ahora parece que Adara, hasta el mismísimo Pol ¡¡¡que se ha tirado dos meses en la casa sin abrir la boca!!!, Clara, ¿Alain? ¿Noelia? Anoche tuvieron su cota nueva de protagonismo para volver a repetir lo que llevamos escuchando día sí día también desde que salieron de la casa. Otros no fueron, seguramente los que no tenían que rendir cuentas a nadie. Es decir provocas el enfrentamiento para una vez enfrentados recomendarle, eso sí, muy cordialmente que no se levanten la voz. ¿Perdona...?.

   Una vez más caen en las garras de sus propias mentiras y contradicciones, supongo que todo forma parte de la evolución del propio programa, de la misma manera que siempre hemos dicho que había que cuidar a los concursantes y protegerlos, como también se le había dicho al plató que no podían con los aplausos y abucheos hacerles daño, ahora resulta que en la mismísima semifinal hundimos en la miseria todo lo enseñado durante años y recomendamos justo todo lo contrario, y además sacando pecho como diciéndose a sí mismos “si es que somos unos genios...”. Y luego hasta alguno se mosquea cuando alguien dice que GH está salvamizado...

  Pero es que encima ni lo preparan bien. Lo retuercen de tal manera que a lo que ellos llaman enfrentamiento resulta que eligen vídeos que incluso les da la razón a alguno de los contendientes sin ni siquiera abrir la boca, como sucedió anoche mismo con Bea y con Pol. El presentador les pide por una parte que hablen de alguna rencilla ocurrida en la casa justo después de haberles puesto el vídeo de otra totalmente distinta. Y ese es el nivel. Otra cosa es la desfachatez de seguir llamando imbécil a la audiencia haciéndole creer que este “ajuste de cuentas” es algo necesario y saludable cuando en realidad estás justificando tus propios errores, primero llevando a algunos de los “verdaderos protagonistas” de la edición a enfrentarse a los “secundarios” que tú has elegido para que te representen en una final sin precedentes de lo descafeinada que es, para subirle un poco la cota de protagonismo de cara a la galería, y segundo, retorciendo y manipulando los vídeos para dejar en mal lugar a quienes están fuera y así justificar a los que están dentro.

  ¿Veis? Bea se ha merendado a Pol y Adara, Rodri se ha merendado a Adara, Miguel a Pol, Meri a Alain, los finalistas son muy buenos, los expulsados están en la calle por algo, ¡qué dignos finalistas...! y ¡qué bueno es GH!. No voy a volver a recordar la famosa frase que dijo en el mismísimo Congreso de los Diputados, Labordeta, no vaya a ser que con el nivel que hay este año en Gran Hermano alguno lo confunda con algún afluente del Duero o con algún participante de OT. Y eso solo fue el aperitivo de una nueva gala soporífera y nauseabunda, mal programada y peor conducida que nos deja plantados a una semana justa de la gran final.

  Una gran final que estará representada por fin por Meritxell, Bea y Rodrigo tras la expulsión de Miguel. Meri, Bea y Rodrigo, si. Creo que huelgan los comentarios tras tres meses de concurso. No hay más preguntas, señoría, que diría aquel... Y si como todo parece, está todo encauzado viendo los vídeos de anoche para que Bea sea la ganadora por su carpeta con Rodrigo creo que ya está casi todo dicho. Pero claro, esto es como todo...No recuerdo muchísimo más de la gala, no creáis. La aparición estelar de la abuela de Bea para darle la fórmula de un arroz al horno a Rodri, por cierto el lavado de imagen de Rodrigo anoche fue para nota... y su recomendación a pesar de la insistencia del presentador de que se aguantasen un poco de “hacer esas cosas...” que ahí estaban mal vistas.

   La expulsión y posterior entrevista de Miguel y la salida de tiesto de Jorge Javier expulsando del plató a la defensora de Miguel. Toda una semifinal para recordar. Y enmarcar. Me volvió a decepcionar una vez más Miguel y me volvió a decepcionar una vez más la entrevista que le hizo el presentador. Un Jorge Javier que no ha sabido estar a la altura del programa en ningún momento y que ha vuelto a confirmar una vez más que esto se le ha ido de las manos por simple y llana incompetencia. GH no es su medio, se le ve incómodo y casi enfrentado al mundo y a sus propios prejuicios. 

  La entrevista a un personaje tan interesante de interrogar como era Miguel no pasó de una mediocre charla entre colegas de barra y donde Miguel supo sacar una de sus múltiples caras para incomodarle con sus indirectas, una burda y ridícula escena teatral de coqueteo al más puro estilo Almodóvar. La enésima reproducción de las escena del peluquín y el postureo de Miguel, un intento baldío de enfrentamiento de nuevo con Adara y Pol y ya para rematar la salida de tono del presentador con la defensora de Miguel a quien expulsó del plató para terminar pidiéndole disculpas. Sálvame en estado puro, y lo siento por quien se sienta aludido.

  Esta es la pésima crónica de la pésima gala que antecede a una pésima final de una no menos pésima edición que ya se nos escabulle de las manos. Pronto vendrá el Vip y todo empezará a rodar de nuevo. Por desgracia sin notables diferencias... Me da pena escribir este escueto resumen de mis impresiones de toda una semifinal de Gran Hermano, y me da pena por tantos y tantos momentos, emociones, concursantes, situaciones que todos hemos vivido a estas alturas de concurso. Decir que uno se siente decepcionado de ver hasta donde ha llegado el programa creo que huelga porque se nota en cualquiera de las lineas y de los párrafos escritos no solo hoy, sino a lo largo de toda la edición. Aunque muchos no lo reconozcan el desencanto lo percibo generalizado...




15 de diciembre de 2016

LA ÚLTIMA CENA



   El otro día dejé un chascarrillo caer sobre la posibilidad de que la productora estuviese dejando agonizar la edición para ver si se rompía de una vez la tensa relación que existía con la cadena desde hace unos años y preparaba el camino para “otear nuevos horizontes”. Y lo dije con la intención de poder explicar el sinsentido en que se ha convertido esta fase final, porque no tenía explicación alguna, ni desde el sentido “concursal” ni desde el televisivo. Hoy vuelvo a incidir en el mismo hecho, como entonces, intentando buscar alguna explicación a lo que está sucediendo en los despachos y que tanto está afectando al devenir del concurso. Pero lo hago al revés. Desde el punto de vista contrario, ya sería un poco más grave que ambos se estuviesen poniendo la zancadilla mutuamente en una disputa para ver quien la tiene más larga o algo mientras el formato agoniza y pierde seguidores a miles a cada semana que pasa. Desde el lado de la cadena. 

  Está claro que para la cadena y su filosofía Gran Hermano a pesar de ser su buque insignia durante tantos años y su programa estrella siempre ha resultado ser un proyecto incómodo, un hándicap en su linea editorial de como llevar a cabo esta televisión moderna en la que ellos apostaron muy fuerte por el sensacionalismo y la llamada “telebasura”, no es de recibo los intentos sobre todo en los últimos años por intentar “convertir” el programa a su causa, de hecho este punto en que nos encontramos ahora es así por encontrarse justo en medio entre una “salvamización” sin condiciones como exigen unos y la resistencia del formato gracias sobre todo a unos cuántos miles de seguidores también que niegan tal posibilidad por serio riesgo de defunción, sería su certificado de muerte más absoluto. Aún así, a pesar de todo, este tira y afloja se nota, claro que se nota.

   Nuestro Gran Hermano lleva unos años envenenado por la propia pócima tóxica que unos y otros le están aplicando, unos por sus intereses de audiencia y otros por hacerlo bajo unas condiciones determinadas que nunca le son por completo satisfechas, aquí bien podríamos estar aplicando aquello tan manido de entre los dos la están matando y ella sola se está muriendo. A lo que vamos... ¿Podría ser que la cadena haya decidido aumentar una semana más la final para hacerle la “puñeta” a la productora, solo para joderla?. No sé, solo me lo preguntaba. La edición tenía previsto terminar hoy, aunque nunca lo anunciasen oficialmente se percibían sus dudas, para ello se consumaron los tiempos de expulsión previstos y un tiempo prudencial de final que todos sabemos como se las gasta en cuanto a contenidos, a última hora se decidió por parte de la cadena aumentar sabiendo el desprestigio y el agotamiento que supone una semana más con tres o cuatro finalistas en la casa. Aún así, se ha hecho.

   El debate tenía prevista la semana pasada como la última, incluso anunciado a media voz por Jordi, habrá uno o dos más, así salen como salen que ni ellos mismos saben a lo que atenerse. El pulso está escrito desde hace tiempo y ahora la gente ya lo empieza a notar, el programa lo empieza a sentir. Me preguntaba también si toda esta mierda no es la consecuencia de la edición, la terna impopular de finalistas, las tres putas llamadas o la expulsión de Adara por ejemplo. Preguntas sin respuestas debido a la poca transparencia que siempre ha lucido este programa de nuestros anhelos.

  Cuando todo está tan oscuro uno no puede dejar de preguntarse muchas cosas para intentar encontrar alguna explicación por ejemplo a la falta de decisión incluso hasta para el ganador, ya sé que hay “vendemotos”, siempre los ha habido y los habrá alrededor de T5, pero que a día de hoy aún se esté negociando en los despachos la victoria de Bea o de Meritxell clama al cielo del despropósito más absurdo, mientras no sepamos el “ganador del ganador” tendremos que soportar los sufridores seguidores los episodios que estamos tragando. Rompo aquí una lanza por los finalistas aunque no sean de mi devoción, es inexplicable su situación de abandono cuando llevan tres meses a sus espaldas sabiendo ambas partes lo que significa a nivel psicológico este estado de incertidumbre.

   Rizarán el rizo esta noche culminando la ideología más sensacionalista con los famosos juicios paralelos que terminarán rematando a los finalistas para aumentar el morbo más traicionero del exterior a su costa, quizás quieran ganar fuera lo que ya han perdido dentro, quizás por eso a pesar de la situación tan asegurada que tenían ahora aún se estén planteando las dos opciones ganadoras. Otra forma más de extender el pulso más allá de las pantallas y darle comida extra a una edición “sinsentido” que pudiese amortiguar al menos un poco su pérdida de credibilidad.

  Ya no nos extrañamos por la censura, últimamente se habla poco de ella, reconozco que esta vez lo están haciendo bien si es como forma de no apagar del todo y de malas maneras, se están produciendo en la casa hechos graves que no están traspasando sus paredes y que en cualquier otra edición habría supuesto ya el ganador o la ganadora final, el despropósito de la elección de este o esta se está ocultando con tanto sigilo que nunca podremos ser partícipes de lo que está sucediendo realmente en la casa, de lo contrario estaríamos copando las portadas más importantes del país. La gente está mientras entretenida con suciedades varias, acusaciones de vagueza o enfrentamientos sibilinos que den poco que hablar, Meri no deja el confesionario y eso sí que se ve, hasta ahí, pero solo mientras la gente se lo tome a chusma y sirva para calentar solo un poco más la final. Bueno, así están las cosas.

  Las famosas quedadas que siempre nos regalan para estas últimas fechas van a tener que volverlas a repetir, o por fin prescindirán de ellas, en todo caso a conveniencia, ya que las que se hicieron no podrían jamás ser publicitadas si no queremos que se destape todo antes de tiempo, tanto en la de Meritxell en Barcelona como en la de Bea, Rodri y Miguel conjunta en Madrid, tuvieron que intervenir y por muy muy diferentes motivos las fuerzas de orden público; darle el mínimo de publicidad sería dejar en desnudo integral y absoluto a quienes tomaron la decisión de que al menos en esta edición, los verdaderos protagonistas deberían estar en la calle. Cuestión de huevos... o de ovarios. Este es el panorama.

 Esta noche tenemos gala de esas que suceden una semana antes de la final y tiene previsto que sea de esas como si no estuviese pasando nada, los juicios, la expulsión de ¿Miguel? ¿Rodri?. Supongo que las explicaciones de Miguel nos tendría más entretenidos, el balancín de la pareja podría hacer estragos en las votaciones mientras se toma la decisión final y poder justificar un último sorpasso recaudatorio que nos permitiera seguir mirando hacia otro lado. Mientras tanto.


14 de diciembre de 2016

CUENTOS Y CUENTAS


  Hay días en que hasta me siento culpable por tener que escribir sobre Gran Hermano, ya sé que no es obligatorio y se hace hasta con gusto, no se trata de eso, se trata de escribir sobre algo que ya sabes que has dicho de alguna u otra manera, sería repetir una y otra vez más de lo mismo, como estar en bucle hasta que se apaguen las luces, y lo que me está sucediendo este año jamás me había pasado, siempre había alguna razón por la que mantener la expectación hasta el final, siempre encontrabas algo, algún rescoldo sobre lo que decir. En esta fase final a diferencia de otras me fallan hasta las ideas, sin contenidos no hay ideas ni deseos que te permitan imaginar algún otro escenario diferente al que ves aunque fuese ficticio, no sé si es lo previsible que está siendo todo o esa falta de chispa misma que irradia la casa en estos momentos. Puedo estar equivocado y ser solo una proyección de mi ánimo, tal vez desilusión, desmotivación, una cuestión personal en definitiva.

  Veo el veinticuatro y leo todo lo que se cuece alrededor de esta final y tengo la sensación de que no estoy solo, incluso en aquellos que sí podrían tener razones suficientes para estar activos noto cierto abandono, todo se reduce a engordar unos números de teléfono de recargas con trueque, a veces hasta auspiciado por los propios familiares que se han puesto al frente de un reto discutible y que debería salir solo de la iniciativa voluntaria de los seguidores, se hacen llamamientos desesperados y se subastan hasta cenas con los propios concursantes que por supuesto no saben nada. Es normal el reclamo y hasta la desesperación, pero incluso esta vez lo noto todo como muy con la boca pequeña, sin la más mínima tensión o emoción. Casi como una obligación. Pero bueno, supongo que será la propia inercia de GH la que lleva a estas situaciones de desconfianza, no me refería a este tipo de cosas que ya son frecuentes últimamente sino a la forma de vivir el final del programa. Ves alucinado como las cámaras enfocan a Rodri y a Bea durmiendo a no muy altas horas y como hay gente que incluso hace una tesis de la posición de las manos, pasan los minutos y ves que aún se sigue hablando incluso de lo que podrían estar soñando o si la postura que ambos mantienen es la adecuada o está forzada. Eso sí que es realmente preocupante.

  La sensación es que salvo este tipo de seguidores un poco fantasiosos capaces de hacer una película de la nada el resto parecen desactivados, señal de que la edición parece desactivada. En pause. Que transcurra el tiempo hasta que algo con un mínimo de interés suceda, y qué es lo que puede suceder, supongo que durante la gala de mañana la visita de los concursantes eliminados nos hagan despertar un poco de este aletargamiento que estamos sufriendo, de nuevo han de surgir los verdaderos protagonistas para agitar un poco este periodo de atolondramiento que nos están ofreciendo los finalistas, la poca emoción que se sustrae de la última eliminación y volver de nuevo a parar la edición hasta el último día. Entiendo que mañana se volverán a manejar los porcentajes de manera que nada parezca decidido para intentar paliar ese silencio. Será como una película mil veces vista.

  No lo entiendo. Nadie lo entiende. Creo que esa desactivación de la que hablaba no solo ha contagiado a los seguidores, sino que a los mismos responsables les ha pillado con el pie cambiado y ni siquiera están sabiendo reaccionar, se está haciendo larguísima esta fase final. No lo entiendo porque deberían ser conscientes de que el medio en que se desenvuelve el concurso es la propia televisión y ahora las redes sociales, justo se está mostrando el programa como signo de aquello que en estos medios jamás se debiera hacer. Inexplicable. La falta de emoción está siendo como una nueva carta de ajuste. No vamos a volver a incidir más en los errores, todo el conjunto en sí está siendo un continuo error y lo preocupante es que parece no tener fin. Como si se apostase todo a la gala, la típica metáfora del globo que se hincha y se hincha hasta que ya no puede más y explota, todo quedará reducido a una simple goma arrugada en el suelo. Hoy es miércoles y empezarán a bombardearnos con esas avanzadas promos que nos hagan ir despertando poco a poco de nuestro letargo. Lo triste es que no versarán sobre los finalistas sino sobre los expulsados. Justo lo necesario para entenderlo todo menos aún.

  O sí. Con eso tal vez lo entenderíamos todo un poco mejor, se han equivocado de finalistas. Tal cual. No existe moraleja alguna en la frase y no me apetece volver al inicio del cuento donde se nos vuelva a explicar los de las tres llamadas, la relajación de los seguidores de Adara o lo imprevisible que está siendo este Gran Hermano, mucho menos a lo memos que somos como audiencia. Se han equivocado y punto. Sus razones tendrán que por supuesto jamás contarán, aunque lo prefiero así porque tampoco nos apetece mucho que nos tuvieran que volver a mentir. Y lo siento por ellos, podrían haber sido unos buenos acompañantes en la final.

  O no. No se han equivocado de finalistas y realmente están los que ellos querían que estuviesen con los verdaderos protagonistas focalizando todo el exterior. No insistáis, lo del cuento de la audiencia no cuela por tres putas llamadas. En ese caso, el error ha sido un perfecto colofón al desastre de edición y a la ineptitud de sus responsables disparándose sobre su propio pie. Cuando lo de la pérdida de audiencia no te inmuta ni las críticas te sonrojan es que se supone has cumplido con tu deber, y en ese caso apaga y vámonos.

  Pero no nos cuenten cuentos. Más no. Que empezamos a estar un poco hartos de blancachonis reconvertidas por un beso de principitos guapos y perfectos, de hadas que a golpe de varita se conceden su propia vida y de cenicientas lloronas que suspiran por su príncipe. Que ya somos mayorcitos...


13 de diciembre de 2016

EL PRECIO DE LA VERDAD


 Me resulta complejo hablar de los finalistas de esta edición sin intentar comprender como se ha desarrollado todo, aún así creo que debería buscar bastante más allá. Y no lo digo solo porque en ella no estén presentes aquellos concursantes que para mí de alguna u otra manera han sido los verdaderos “protagonistas” sino por las mismas personas en sí que han accedido a la final. No creo mucho en las casualidades en un formato como Gran Hermano ni en la divina providencia, en mi opinión personal tampoco son los mejores. Son múltiples las razones que encontramos cada edición para adoptar nuestro favorito, para convertirlo en ganador se suele echar mano de un mínimo de empatía, de personalidad e incluso carisma con las que te puedas sentir identificado. En una edición tan poco empática como ha sido la actual donde prácticamente nadie ha caído especialmente bien a nadie y los favoritos han sido elegidos por razones ajenas a su propia personalidad cuesta vislumbrar un perfil claro de ganador entre los finalistas.

 Creo que una de las razones de la desidia que se percibe en esta fase final es que no ha existido ese concursante “especial” que te haya podido atrapar o conquistar por alguna razón. Mucha gente habla de buen o mal casting, creo que la clave no ha estado en la calidad sino en el desequilibrio, de diecinueve concursantes apenas cuatro o cinco han logrado entablar una cierta complicidad con la audiencia. Un casting es como un melón, por muy buena presencia que tenga a la vista y muy bien que te hable el vendedor de lo bueno que está hasta que no la abras no sabrás ciertamente lo que te espera. Y la impresión que tengo es que en el casting de este año ha faltado lo más sencillo y a la vez complicado... mucha verdad. Seguramente para los intereses de la cadena que iba buscando un prototipo específico para elaborar su propio guión hayan sido los mejores aspirantes, al fallarle este y requerirle al menos ese morbo que surgiese del conflicto como plan b, estos no han desentonado, han gritado mucho, se han enfadado, se han insultado, han proyectado histeria, mezquindad, hostilidad y lo que es peor, se han creído incluso que estaban dando juego mientras tanto. Cuando falla el argumento principal, el conflicto suele ser un buen remedio televisivo y a veces se vuelve necesario, pero si no queremos agotarnos con repeticiones y caer en la redundancia se habría hecho necesario un buen contrapunto, algo de humor por ejemplo, de lo que la edición ha carecido.

  Está claro en toda edición que para que alguien te caiga bien, alguien te tiene que caer mal, no hay héroes sin villanos y en esta también han aparecido... lo que pasa es que han sido poco creíbles. No creo que hayan cubierto nuestras expectativas. Otra de las causas de esa falta de empatía que ha existido entre el casting y el espectador también podríamos buscarla en nuestra propia historia, y este es un hecho que se podría volver a repetir. Los actuales concursantes han crecido viendo Gran Hermano; cuando se puso en marcha la primera edición, Bea tendría dos o tres años apenas, creció a la sombra de GH, y como ella la mayoría de perfiles de su edad. Se hace muy aburrido a veces verles participar en un juego en el que creen saberse todos los trucos y que cuando se presentan al casting ya son casi expertos puesto que llevan viéndolo desde pequeños, de ahí a la falta de naturalidad y al desgaste del formato solo hay un paso, de ahí la desconfianza inicial de ese espectador que ya estaba aquí mucho antes.

  Pero no es solo esto, es que a la vez que ellos también ha crecido esa otra parte de la audiencia que como ellos no han conocido otra parte de la televisión quizás más creíble y se han hecho mayores a la sombra de esa televisión “ligera”, una nueva generación que no exige tanto, ni calidad, ni transparencia ni honestidad, que no ven más allá de un simple enfrentamiento primario, un cuerpo bonito o un amor de instituto, auténticos fans de formatos donde sus protagonistas son capaces de tirarse de los pelos por salir en la tele para luego hacer cuatro bolos en cualquier discoteca y algo de notoriedad. Hay una pequeña linea entre una visión y otra, quizás “aquellos” sean algo más ruidosos pero no se puede descartar a “estos” que han evolucionado a la par que una televisión y un reality estancado en el bucle de la trivialidad pero que... por desgracia ha funcionado.

  Los favoritos de unos ahora se unen, interaccionan a través de las redes sociales y forman pronto una comunidad de apoyo con un objetivo común. La televisión, Gran Hermano o cualquier reality se está intentando adecuar a este fenómeno, ya no tienen tanto efecto los corta-pegas de un vídeo editado con una música adecuada, el verdadero alma de los concursos, a pesar de lo que mucha gente diga, está en las redes, la nueva mayoría social que concursa al mismo tiempo que ellos, ya no solo miramos o nos tragamos lo que nos echen, ahora prácticamente actuamos de forma simultánea que la casa a través de nuestros comentarios inmediatos, nuestros gifs, vídeos, hashtag, estamos casi tan activos como ellos llevando a cabo nuestro propio GH paralelo, nos hemos vuelto más participativos y aunque la televisión y su mentalidad conservadora avance tan lentamente, la audiencia arrastra al reality a un nuevo tempo, a veces van a remolque pero no pueden ignorarlo, todo cambia, y Gran Hermano aunque se resista se ve a veces arrastrado también a este nuevo tiempo.

 Son muchas las cosas que te hacen pensar al intentar buscar algún tipo de explicación, no hay ninguna. Cuatro finalistas sin peso específico aparentemente que quizás también se hayan visto atrastrados por una vorágine desconocida para muchos, nueva para otros o de difícil explicación para unos cuántos tambien. Yo lo intento, y aún así, tampoco lo logro entender. Bea y Rodri son el producto de una relación de carpeta creada para concursar, Miguel el resultado de un experimento y Meritxell la víctima de una frustración adolescente, Bea fue expulsada por la audiencia, Rodri gracias al invento del club jamás estuvo nominado, Miguel ha sido el beneficiado de una estrategia grupal y Meritxell la heredera de un saco de votos huérfanos. Uno de ellos, será el ganador de la presente edición de Gran Hermano a pesar de que ninguno de ellos ha destacado por su credibilidad, esa sobre la que siempre se ha sustentado el éxito de Gran Hermano, un programa que había atraído a millones de espectadores por la verdad que transmitía por encima de todo. Me preguntaba si el nombre del ganador de este año será el precio que GH ha de pagar por subirse a los nuevos tiempos...

12 de diciembre de 2016

PROTAGONISTAS


  Negar la “salvamización” del formato sencillamente es estar ciego o no querer ver la realidad del programa, no importa si avisas antes del riesgo que corre al ver ciertas actitudes, lo vas viviendo a lo largo del concurso o lo certificas con ejemplos claros y evidentes como el debate de anoche. Claro que es una opinión, como todo en un programa tan subjetivo como Gran Hermano, faltaría más, por eso a veces sobra mucha parte de lo exquisito que nos ponemos a la hora de despreciar “otras” opiniones. Insisto en el flaco favor que se le hace al programa intentando negar la realidad o demonizando opiniones diversas. Nombres como Ylenia, Lidia Lozano, Jorge Javier Vazquez o Belén Esteban hacen que la confusión entre un tipo de programa y otro sea más que evidente, aquí y en Sebastopol. Intrusismo innecesario lo llamaría yo, lo que sorprende es que en vez de conservar el anonimato como piedra angular del formato se ataque a la propia linea de defensa que éste hace por sí mismo para no ser sustituido. Primero fue uno, después dos, otro año tres o cuatro, otro hasta el presentador... quién no lo quiera ver que no lo vea, negarlo es absurdo.

  Llegar a este tipo de debates solo son consecuencias de un proceso de desconfiguración de la idea para la que fue concebida, desvirtuar la realidad para la que fue creada. Hemos pasado de la idea más germánica (se creó en Holanda) de la lucha individual por el premio, pelear, luchar, competir hasta convertirlo en una disfunción orweliana del ultracatolicismo, no digo que se les esté obligando a los concursantes a asistir a misa diaria pero casi, viendo los últimos acontecimientos de esta misma edición, si a eso le añadimos el ojo omnipresente que parece el de Dios, el confesionario donde se desahogan o “confiesan sus pecados” o la clausura como si estuvieran en un convento, ya me dirán. El tema es que con el tiempo ese encierro voluntario ha dejado de ser místico para ser expuesto como parte del espectáculo de cualquier circo en cualquier ciudad, el ojo ya no solo les ve a ellos, sino también se fija en las colas que hay en las taquillas, el tiempo que hace o si a la misma hora hay fútbol.

 Se ha cambiado el concepto en sí y hemos pasado de la lucha individual a la colectiva, ya no buscamos un ganador, eso viene añadido con el triunfo colectivo dependiendo del éxito o de los aplausos, ha pasado a ser secundario, no parece importar tanto tres cientos mil euros que los datos de audiencia durante tres meses, es evidente que a los concursantes se la pela los niveles de audiencia de la misma forma que a ellos se la pelan los trescientos mil si consiguen estar por delante de A3, estaríamos hablando de un finis operantis y finis operis, una cosa es el fin del operante, aquel que hace y basa toda su acción en un objetivo claro (que debería ser eliminar al enemigo, sobrevivir) y otra cosa es el fin de la obra en sí (conseguir audiencia). Cuando uno queda supeditado al otro se produce el sometimiento, sin dudarlo el poder de unos no es el mismo que el de otros, se confunden ambos fines y prevalece el de mayor poder, siempre existirán tres llamadas que darán fe de su existencia. A partir de ese punto y desde su hegemonía adquiere mucho más significado el concepto orweliano del formato, que sin embargo estaría inconcluso si no dejamos fluir la libertad que tienen los sometidos para dejar de estarlo y escaparse de sus garras.

 Todo un ejército se pondrá en marcha para que aquellos díscolos que hubiesen osado enfrentarse al omnipresente y una vez capturados ser entregados a la “grada adiestrada” para ser humillados y reprendidos en público, ellos o sus defensores que serán igual de sentenciados ¿verdad Frigenti?. Parece todo tan preparado que hasta da miedo. El proceso se diluye en entretenimiento y se nos presenta como un simple juego, asistimos como “populus” a su desarrollo e incluso nos invitan a participar siempre y cuando no intervengamos demasiado en el objetivo final, ellos ya nos irán diciendo, recordad siempre el que el objetivo es el fin de la obra y no su contenido. Si nos olvidamos de la historia y nos centramos en la sociedad mercantilista en la que vivimos todo queda traducido a un mero trámite empresarial, ese al que cualquiera de nosotros pertenecemos.

 Desgraciadamente no hay muchas opciones, podremos participar o no, siempre y cuando acatemos sus normas claro está, es el principio de cualquier empresa. Podremos estar de acuerdo o podremos no estarlo, pero las normas las imponen ellos independientemente de la trayectoria, de la historia o de la idea para la que fue concebida, ellos se hicieron con el poder, ellos mandan. Aceptarlo todo es servilismo, obligado o voluntario... miedo a dejar de participar, lucha de egos o simplemente aspiraciones a algo, o haces o te despiden y te mandan al ostracismo más absoluto. Los tongos, las manipulaciones, sorpassos, porcentajes misteriosos simplemente no tienen cabida, son imposibles y fruto de la rebeldía de unos ignorantes que viven ajenos a los tiempos actuales, no saben lo que significa la palabra rentabilidad, o espectáculo, o circo, o televisión, o dinero, o fama o popularidad. Pobres personas que dudan de todo cuando el ojo es bueno y nos da todo aquello que le pedimos, hasta tres meses de emoción sin límites.

 Claro que el veinticuatro es lo único que queda de la esencia de aquel convento, la rendija por la que se nos permite asomarnos, por eso es lo mejor, siempre lo fue. Y mientras no terminen de dominarlo nos seguiremos conformando con sus migajas, no es nuevo, por eso no se valora una edición, siempre hemos disfrutado con él y lo seguiremos haciendo aunque poco a poco lo intenten joder un poco más, son esos pedacitos para conformarnos y sigamos mirando, o sigamos haciéndole su propia publicidad y digamos luego lo buenos que son. Cualquiera podría pensar que la productora de Gran Hermano se está disparando permanentemente en el pié porque no hay forma de hacerlo peor a nuestros ojos, hasta incluso que el divorcio es irreversible con la cadena y solo es un paso más para su disolución laboral y así poder venderse a otro mejor postor, o que incluso no es que lo hagan a propósito sino que no saben hacerlo mejor, son torpes simplemente o andan mal pagados, o que la idea es una y es inapelable, se hace lo que dice el jefe y se continúa con la filosofía que tantos éxitos ha dado, no sé yo, no hay nada sobre lo que supuestamente basar cualquier aseveración, nada es nada, y cuando se dice nada, es nada. Eso significa especulación. Y especuladores somos todos. Mediaset forma parte del accionariado Endemol y Jorge Javier Vázquez es el presentador que han elegido, todo lo eligen ellos.

 Ser protagonista de una edición no significa ser el mejor o la mejor, en un espacio tan subjetivo no existe el mejor, claro que hay ganador, pero eso no significa que sea el mejor, tampoco el mayor protagonista. Tampoco ser bueno o muy bueno, se puede serlo siendo malo o incluso peor, en Gran Hermano se es protagonista cuando “todos” te convierten en el personaje principal, para bien o para mal.